CONCIENCIA

82 Consejos de Gurdjieff a su hija, que podrían ayudarte mucho

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El Maestro G.I. Gurdjieff llegó a est lista de 82 consejos para llevar una visa mental y físicamente sana, libre y responsable.

G. I. Gurdjieff es, sin duda, uno de los místicos más influyentes del último siglo. Su filosofía, que a grandes rasgos planteaba que el hombre en términos prácticos es una máquina programada que vive en un estado de perpetua somnolencia (sí, Gurdjieff es uno de los grandes precursores del apocalipsis zombie, sólo que para él esto no era algo que iba pasar en el futuro sino que ya era el estadio general de nuestra sociedad), ha sido importante para personajes como Osho, Jodorowsky, Castaneda, Leary, Crowley y por supuesto, su gran alumno Ouspenski. Aunque Gurdjieff, en su plano más esotérico, sostenía una visión un tanto más radical (como que el ser humano es alimento para la Luna), en este caso tenemos un ejemplo de su dao, una enseñanza moral que casi podríamos incrustar en la gran tradición del camino chino del justo proceder junto a alguien como Confucio.

“Cuando me di cuenta de que la antigua sabiduría había sido pasada de generación en generación por miles de años y, sin embargo, había llegado a nuestros días casi sin cambios, lamenté haber comenzado demasiado tarde a darle a las leyendas de la antigüedad el inmenso significado que ahora comprendo que realmente tienen.” – George Gurdjieff

Desde hace unos años se ha viralizado en la red este texto publicado en el libro El maestro y las magas, de la editorial Siruela. A continuación, 82 duras perlas que el maestro dedicó a su hija; bien leídas, constituyen un manual para desprogramarse y vivir libremente, con una responsabilidad que se debe sólo al propio espíritu.

1. Fija tu atención en ti mismo; sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
2. Termina siempre lo que comenzaste.
3. Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
4. No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
5. Desarrolla tu generosidad sin testigos.
6. Trata a  cada persona como si fuera un pariente cercano.
7. Ordena lo que has desordenado.
8. Aprende a recibir; agradece cada don.
9. Cesa de autodefinirte.
10. No mientas ni robes; si lo haces, te mientes y robas a ti mismo.
11. Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
12. No desees ser imitado.
13. Haz planes de trabajo y cúmplelos.
14. No ocupes demasiado espacio.
15. No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
16. Si no la tienes, imita la fe.
17. No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
18. No te apropies de nada ni de nadie.
19. Reparte equitativamente.
20. No seduzcas.
21. Come y duerme lo estrictamente necesario.
22. No hables de tus problemas personales.
23. No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
24. No establezcas amistades inútiles.
25. No sigas modas.
26. No te vendas.
27. Respeta los contratos que has firmado.
28. Sé puntual.
29. No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
30. Habla sólo lo necesario.
31. No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
32. Nunca amenaces.
33. Realiza tus promesas.
34. En una discusión, ponte en el lugar del otro.
35. Admite que alguien te supere.
36. No elimines, sino transforma.
37. Vence tus miedos; cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
38. Ayuda al otro a ayudarse a sí mismo.
39. Vence tus antipatías y acércate a las personas que deseas rechazar.
40. No actúes por reacción a lo que digan, bueno o malo, de ti.
41.  Transforma tu orgullo en dignidad.
42.  Transforma tu cólera en creatividad.
43.  Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
44.  Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
45.  Transforma tu odio en caridad.
46. No te alabes ni te insultes.
47. Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
48. No te quejes.
49. Desarrolla tu imaginación.
50. No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.
51. Paga los servicios que te dan.
52. No hagas propaganda de tus obras o ideas.
53. No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatía, complicidad.
54. No trates de distinguirte por tu apariencia.
55. Nunca contradigas, sólo calla.
56. No contraigas deudas; adquiere y paga en seguida.
57. Si ofendes a alguien, pídele perdón.
58. Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público.
59. Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
60. No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.
61. No conserves objetos inútiles.
62. No te adornes con ideas ajenas.
63. No te fotografíes junto a personajes famosos.
64. No rindas cuentas a nadie; sé tu propio juez.
65. Nunca te definas por lo que posees.
66. Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
67. Acepta que  nada es tuyo.
68. Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
69. Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro.
70. No mires con disimulo; mira fijamente.
71. No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
72. En el lugar en el que habites, consagra  siempre un sitio a lo sagrado.
73. Cuando realices un servicio, no resaltes tus esfuerzos.
74. Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.
75. Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.
76. No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.
77. Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.
78. Vive de un dinero ganado por ti mismo.
79. No te jactes de aventuras amorosas.
80. No te vanaglories de tus debilidades.
81. Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.
82. Obtén para repartir.

Conociendo a George Gurdjieff

GurdjieffGeorge Ivanovich Gurdjieff fue uno de los maestros espirituales más influyentes del siglo XX. En sus primeros años, participó en expediciones que iban en búsqueda de enseñanzas antiguas, parcialmente documentadas en su libro Encuentros con hombres notables. Su búsqueda lo condujo a una hermandad secreta, de la cual pareció regresar con la posesión de un sistema único.

En 1910, Gurdjieff importó ese sistema a Rusia. Tradujo su conocimiento y experiencia oriental en un lenguaje apetecible al hombre occidental del siglo XX. Llamó su disciplina “El cuarto camino,” en contraste y agregado a los tres caminos tradicionales del fakir, del monje y del yogui (leer más sobre el Cuarto Camino). Sin embargo, la revolución bolchevique y la primera guerra mundial forzaron a Gurdjieff a emigrar y finalmente terminó en Francia, donde abrió su “Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre.” La influencia de Gurdjieff se extendió por toda Europa y hasta en América, pero el orden social declinante y la segunda guerra mundial le impidieron formalizar más su organización. Fue forzado a cerrar el instituto y a pasar la última parte de su vida escribiendo libros: La vida solo es real cuando ‘Yo soy,’ Todo y todas las cosas, Encuentros con hombres notables y Cuentos de Belcebú a su nieto. Murió en Francia el 29 de octubre de 1949.

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Templo de Angkor Wat

Gurdjieff fue discreto acerca de los orígenes de su enseñanza. No sintió necesidad de revelar sus pasos. En principio, afirmaba que las guerras habían destruido todo rastro de las escuelas con las que había tenido contacto. Además, su enseñanza llamaba específicamente, no para el estudio académico, sino para volver el conocimiento en práctica. El mismo Gurdjieff había trabajado para adquirir su enseñanza y se había ganado, por así decirlo, los derechos sobre ella. Esos derechos tenían que ser ganados por cualquiera que encontrara su trabajo por primera vez. Mientras que el conocimiento se podía dar, la sabiduría debía ganarse. De aquí que Gurdjieff, que había sacrificado mucho para obtener su sabiduría, era reacio a pasarla a los demás excepto al precio del trabajo. Una vez ganado por cualquier individuo, el conocimiento se volvería suyo; él mismo se volvería esas antiguas verdades que Gurdjieff supuestamente excavó, una reiteración de antigua sabiduría, una expresión contemporánea de una verdad eterna.

Gurdjieff – La misión

Gurdjieff fue un agente del siglo XX de este Arca Mayor. Transmitió a quienes lo rodeaban

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Monasterio de Lavra Megistis, el Monte Athos

el sentido de una misión. Parecía, no solo a sus propios estudiantes, sino hasta a las personas fuera de su círculo directo de influencia, que era el agente de un gran plan. En su juventud este sentido del propósito irradiaba desde su “búsqueda de lo milagroso” que lo llevó a viajar a Grecia y Egipto en Occidente, a Afghanistán y el Tíbet en Oriente. Comenzando desde cerca de 1910 este mismo sentido de propósito se conectó con la visión del Instituto, que en 1917 recibió su nombre completo: Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre. Desde 1912 en adelante Gurdjieff ubicó el propósito de la creación del Instituto delante de cualquier otra meta práctica, hasta los tiempos de su accidente automovilístico y el cierre del Prieurè. Su sentido de misión fue transferido entonces a sus escritos (los tres volúmenes de Todo y todas las cosas) y a la preparación de grupos de personas, en Europa y América, capaces de preparar gente para recibir esos escritos. Después de 1925 trataba de poner en palabras loi que esperaba realizar en acción y creía que sus escritos finalmente serían leídos y comprendidos por un amplio público.

El momento crucial entre el período de “búsqueda” de Gurdjieff y el período en que se enfocó en la creación del Instituto parece llegar luego del tiempo que pasara con la Hermandad Sarmoun, en las montañas del Hindu Kush en el norte de Afghanistán. Primero obtuvo acceso al monasterio Sarmoun central en 1899-1900 y parece probable que haya tenido una estadía más larga en 1906-1907. Al final de 1907 Gurdjieff fue a Tashkent a practicar curación. Allí curó drogadictos y alcohólicos, tanto como medio de estudiar el estado de identificación como medio de hacer dinero. Estos fueron sus últimos preparativos para enseñar. Después de alrededor de 18 meses comenzó a atraer estudiantes y entonces, en 1912, partió de Tashkent a Moscú donde comenzó a reclutar candidatos para el Instituto. Parece, entonces, que la experiencia de Gurdjieff con la Hermandad Sarmoun lo transformó de un “buscador” en alguien que había “encontrado” y estaba listo para enseñar.

Fuente :http://pijamasurf.com/

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