coraje

La ausencia del coraje crea la dificultad

Los actos que surgen del coraje nos elevan por encima de nuestras posibilidades y dan forma a nuestra vida. Curiosamente, Elisabeth Kübler-Ross considerada la principal autoridad mundial sobre el acompañamiento a enfermos terminales, dice que si se pregunta a una persona que está a punto de morir “¿qué volvería a hacer si viviera?”, la respuesta en la práctica totalidad de los casos es ésta: “Me hubiera arriesgado más”.

No es que no hagamos las cosas porque sean difíciles,
más bien las hacemos difíciles porque no nos atrevemos.
Séneca

Cuando, de nuevo, la doctora Kübler-Ross preguntaba al moribundo el porqué de esta respuesta, los argumentos que recibía se caracterizaban por el siguiente estilo de reflexión:

“Porque aquello que quería hacer y no hice por miedo; o porque aquello que quería decir y no dije por pudor o temor; o porque aquella expresión de afecto que reprimí por un excesivo sentido del ridículo me parecen en este momento una nimiedad absoluta frente al hecho de morirme.

La muerte es algo que no decido yo, la vida me empuja a ello; y ahora, frente a ella, me doy cuenta que todas esas circunstancias que antes me parecían un reto terrible, son una nimiedad comparada con el hecho de que me muero y ya no hay vuelta atrás”.

Se trata sin duda de una respuesta cargada de sentido común, si tenemos en cuenta que la vida es una gran oportunidad de arriesgarnos para aprender, crecer, compartir y amar.

Quizás las cosas que nos parecen difíciles no lo son tanto si nos arriesgamos y si pensamos en que gracias al coraje que nace del amor podremos superar muchos retos y dificultades. ¿Y si no lo logramos? Pues por lo menos habremos aprendido algo en el proceso y quizás se abran otras puertas inesperadas en nuestro camino de vida.

Álex Rovira

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