ESPIRITUALIDAD MENTE

Como se puede apagar la mente y escuchar la voz del alma

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¿Qué es el alma? ¿Cómo se puede escuchar su voz?

Nuestra alma nos “habla” a través de la intuición. La capacidad de escuchar la voz del alma no fue dada solamente a profetas, poetas o personas simples como Li Calo que de repente un día reciben guía de su alma acerca de su vocación profesional, sino que cada ser humano puede escuchar la voz de su alma porque esa capacidad está directamente relacionada con la habilidad para escuchar la propia intuición.

Un ejemplo que suele resultarnos familiar es cuando nos encontramos por primera vez con alguien y percibimos una impresión. No por nada se dice que “la primera impresión es la que cuenta”, porque impresión significa percepción intuitiva. Ésta pertenece a lo espiritual y por eso capta de forma inmediata el carácter del hombre recién conocido. Si durante el transcurso de la conversación, esa impresión intuitiva llega a ser modificada por el juicio del intelecto, casi siempre ocurre, más tarde, que vuelve confirmarse la exactitud de aquella primera impresión.

¿Es posible “apagar” la cabeza y escuchar la verdadera voz interior?

Un día empecé a escuchar a mi alma. Era como un bebe recién nacido que lloraba por sus necesidades. Cada día que pasaba me imploraba que me levante y me vaya, que no me quedara en un trabajo que no era mi pasión verdadera. Que era preferible intentar y fracasar, que no intentar nunca.

Al principio le dije: “¡dejame en paz!” y seguí con mi trabajo en el área de sistemas como si nunca la hubiera escuchado.

Luego traté de coimearla comprando ropa cara que no necesitaba y anotándome en talleres de toda clase para compensar de alguna forma tantas horas de trabajo.

“¡Con esto deberías estar satisfecha! No crees en verdad que deba dejar todo, ¿no?”

Pero los gritos seguían ¡cada vez más fuertes!

Al final me di cuenta que si continuaba negando a mi alma me iba a encontrar a mí misma más gorda, llena de canas, estancada en el mismo lugar, en ese mismo trabajo que probablemente ya no debía estar haciendo más.

“¡Ok!” le dije. “¡Renuncio al trabajo! Pero ¿a dónde querés que vaya? ¿Querés que sea instructora de shiatzu, de yoga, de pilates? ¿O quizás que tire las cartas en una plaza? ¿Estás segura que voy a encontrar un trabajo que me llene de entusiasmo y pasión?”

Aún no escuchaba su respuesta pero sí lo que mis compañeros de trabajo tuvieron paradecirme cuando compartí con ellos mis nuevas ideas: uno me contó que un amigo de un amigo había renunciado para ser independiente y fracasó. No pudo volver a trabajar en sistemas y terminó regresando a vivir con sus padres para ahorrar gastos. Otro me dijo que una amiga suya que había estudiado música en la universidad, luego se dio cuenta que no se gana “un mango” con eso. Abandonó la música y hoy es gerente de proyectos en el área de sistemas de una empresa. Y la última me dijo: “tuve una amiga que decidió dejar sistemas y luego… ¡se murió!”

¡Todos los caminos conducen a sistemas! pensé. ¿Y yo quiero ser un salmón que nada contra la corriente, aún sin saber a dónde me lleva?

“Ok, alma mía”, traté de hablarle con cariño. “Tenés que bajarte de esta idea. ¿Recordás cuando era chica y mis padres no podían comprar ningún objeto de lujo porque no teníamos plata? Bueno, ahora puedo dormir tranquila porque cada primero del mes tengo mi sueldo depositado en la cuenta. ¿De verdad querés renunciar a esta tranquilidad económica?”

Pero ella seguía empujando y un día entendí. ¡Entendí por fin a mi alma!. Recordé derepente que siempre hubo algo que quise hacer, algo que amo hacer y que es escribir. Siempre escribía. Cuando tenía 13 años empecé a escribir una novela. ¡Ese es mi camino!

Ahora sólo me falta tener el coraje para avisar a mis padres sobre la decisión que tomé y enfrentar la pregunta obvia: “¿qué vas a hacer con esto?”

Si, sé que a la edad que tengo ya debería que estar trabajando en alguna de las “4” carreras que hay en el mundo: sistemas, abogacía, administración o psicología, luego casarme, conseguir un crédito hipotecario, comprar la casa y el perro, tener hijos, etc. ¡Pero yo tengo que hacer otra cosa! Y no es que no tenga miedo a estar equivocada. ¡Me muero de miedo! Pero en este momento no puedo seguir negociando y negando más a mi alma.

Escrito por Li Calo (extraído de una columna de un diario israelí).

Todos podemos escucha nuestra voz interior

Así es que todos tenemos voz del alma. Depende de nosotros estar atentos a escucharla, desarrollarla y tomar nuestras decisiones según su guía. Sí, lleva tiempo, pero al estar afinados y conectados con nuestra alma, podemos vivir en forma auténtica. Y cuando somos auténticos, es decir, cuando somos nosotros mismos, nos sentimos felices y libres de verdad.

Al respecto, El Mensaje del Grial explica que el alma es la esencia verdadera del hombre, su parte espiritual. El origen del alma se encuentra en la esfera espiritual. Sale de ahí como una semilla, inconsciente, y busca una tierra donde poder crecer, desarrollarse y florecer. Este mundo ofrece al ser humano la posibilidad de desarrollar su potencial espiritual. Si lo logra, habrá cumplido su misión y podrá después de su muerte regresar a su origen, la esfera espiritual, pero esta vez como un ser consciente. Si no, volverá a encarnar en otro cuerpo para continuar su proceso de crecimiento y evolución.

¿Acaso no tememos pasar la vida desconectados de nuestra alma, de nuestra esencia verdadera? Rabbi Shlomo Carlebach, un maestro jasídico, solía contar que “al terminar la vida, cada ser humano ve dos películas. La primera muestra lo que vivió y la segunda lo que podría haber vivido según el plan de su alma. Si ambas películas son muy diferentes, experimentará una profunda tristeza, pero si son iguales o parecidas, será el paraíso.”

Cada alma tiene un camino único y singular que no necesariamente tiene que ver con la vocación profesional, sino que involucra en forma más abarcativa a todos los aspectos de la vida. La familia que formamos, los amigos que elegimos y las decisiones que tomamos ante diversos desafíos, son distintos si estamos conectados o desconectados.

En el libro La muerte de Ivan Illich, León Tolstoi describe la vida de un hombre desconectado por completo de su alma. Habiendo elegido su trabajo, su mujer y sus amigos según los parámetros sociales, un día, cuando construye su casa en el barrio “adecuado” se cae de la escalera y enferma. Y como pasa en muchos casos, el dolor y el sufrimiento hacen que Ivan Illich empiece a escuchar la voz de su alma. No le resulta fácil descubrir que toda su vida ha sido una farsa, una muerte desde el punto de vista espiritual. Sin embargo, gracias a la reflexión durante sus últimos días de vida, comprende y por primera vez, vive.

Si no queremos despertar a último momento, podemos empezar hoy con un pequeño ejercicio: “si éste fuera el último año de mi vida, ¿cómo querría vivirlo?”. Al hacernos esta pregunta tomamos consciencia de que la vida pasa rápido y que hoy es el momento para empezar a vivir auténticos y fieles a nuestro camino del alma, único y singular.

Por Jaguit Rabbi
http://www.elproyectoalma.com

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