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Aprende cómo y cuándo decir No, a tus hijos

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Decir no a los hijos sin temor, con firmeza y seguridad es un aval de sus éxitos futuros. Si los padres se centran en aquello que les gusta de su hijo, en lo positivo y tratan de cambiar y corregir aquello que no les gusta, aceptando su individualidad y con autoridad el “no” es mucho mejor aceptado.

Se trata de dar a los hijos una libertad guiada, sin pretender ser “superpadres”, sabiendo que se pueden equivocar pero también pueden reconducir y tomar la situación de inmediato. Así mismo, los padres deben afrontar esta tarea de educar y saber decir no, aceptando que no hay recetas únicas y mágicas, lo que no sirve para un hijo posiblemente no puede aplicarse exactamente igual para otro, recuerde que como padre se debe respetar la individualidad de cada hijo.

Cuando se aprende a decir no a los hijos se hace desde la adaptación a todas las situaciones: buenas o malas, para así enseñarles a aprender de ellas. Esta es la base de la toma de decisiones futuras. Se debería dedicar un poco de tiempo a usar el sentido común.

Los niños son muy hábiles emocionalmente, incluso en ocasiones más que los adultos, y saben perfectamente cómo deben comportarse para alterar emocionalmente a sus padres y finalmente conseguir aquello que tanto desean.

Como todos sabemos, a ningún niño le gusta que sus padres le diga “NO”, por lo que al principio los niños no suelen aceptar los “NOES” gustosamente y hacen todo lo que está en sus manos para que sus progenitores terminen cediendo y cambiando el “NO” por un “SÍ”: gritan, lloran  pegan, tiran cosas, insultan, etc.

Lo que suele suceder es que los padres terminan diciendo “SÍ” para que el niño deje de llorar y de tener ese comportamiento inadecuado. Muchos padres y madres consideran que si no ceden cuando su hijo llora es un acto cruel e incluso se sienten culpables por permitir que su hijo llore y no ceder ante sus exigencias. Pero, es justamente lo contrario, es un error porque el niño aprende que cada vez que quiera conseguir algo tan sólo tiene que llorar y portarse mal para que sus padres terminen finalmente satisfaciendo sus deseos y necesidades: ¡Se convierten en pequeños tiranos!

Cómo aprender a decir NO a los hijos

– Tener claro el objetivo:

Cada vez que decimos a nuestro hijo o hija “NO” es porque consideramos que es lo mejor para ellos. Si tenemos claro que nuestro único objetivo es ayudarles, aunque a corto plazo no lo parezca, nos resultará más fácil decir “NO”.

– Ser firmes:

No debemos tener miedo a la confrontación con el niño.Tenemos que tener en cuenta que cuando el niño llora o muestra un comportamiento inadecuado sólo está probando hasta dónde puede llegar. Es importante no alterarnos emocionalmente ni ceder y simplemente mostrar indiferencia ante tales conductas, pronto el niño por sí solo comenzará a tranquilizarse.

– Mantener la calma:

Es importante decirle al niño “NO” con firmeza y seguridad pero en ningún caso gritando o mostrándonos alterados, tenemos que permanecer calmados y con serenidad. Si el niño percibe lo contrario aprenderá que tiene el poder necesario para poner nerviosos a su padres y finalmente salirse con la suya.

– Práctica:

Aprender a decir “NO” es una habilidad y como cualquier otra habilidad debemos practicar para que cada vez podamos hacerlo mejor. Cuando empezamos a conducir lo normal es que al principio no lo hagamos muy bien y con la práctica continuada terminemos siendo unos hábiles conductores. Pues, con esto sucede igual, debemos entrenarnos y practicar de manera continuada el decirle a nuestros hijos “NO”, siempre y cuando sea necesario, y poco a poco conseguiremos ser cada vez más hábiles.

Un niño con responsabilidades en el hogar crece más independiente.

Sin embargo, hay algunos NO que deberíamos evitar

1- ¡No llores!

Con las lágrimas del hijo no siempre se puede. Pero cuando decimos cosas como, “no llores”, estamos invalidando sus sentimientos y diciéndole que sus lágrimas son inaceptables. Esto provoca que los niños aprendan a rellenar sus emociones, que en última instancia pueden conducir a arrebatos emocionales más explosivos.

2- “¡No es tan importante!”

Hay muchas maneras que minimizar y menospreciar los sentimientos de los niños, así que ten cuidado con esto. Los niños a menudo valoran cosas que parecen pequeños e insignificantes a nuestro punto de vista de adulto. Así que trata de ver las cosas desde el punto de vista de tu hijo. Empatizar con sus sentimientos, incluso cuando vas a establecer límites o decir que no a lo que te pide.

3- ¡No sigas con eso, o verás…!

Amenazar a un niño casi nunca es una buena idea. En primer lugar, les estás enseñando una habilidad que no quieres que tengan: la capacidad de utilizar la fuerza bruta o una astucia superior para conseguir lo que quieren, incluso cuando la otra persona no está dispuesta a cooperar. En segundo lugar, te pones en una posición incómoda en la que tienes que cumplir tus amenazas -una amenaza de castigo que brotó de un momento de enojo- o puedes echarte para atrás y enseñar a tu hijo que tus amenazas no tienen ningún valor.

Entender que no es malo decir no

El decir “no”, ejercer la autoridad, poner límites y normas ha de ser algo consensuado entre los padres, sabiendo que es la base de una educación con coherencia. Los padres han de tener en cuenta que la censura con temor a la larga no surte el efecto deseado de aprendizaje sano, por ello debe hacerse desde la convicción, el afecto y dialogo. Los verdaderos educadores de los hijos son los padres, la escuela complementa, nunca se puede delegar esta función en otros.

Fuentes

https://isepclinic.es/blog

https://www.guiainfantil.com

https://www.guioteca.com

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