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El cerebro, ese tramposo dentro nuestro, y sus diferentes formas de engañarnos

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En ciertas ocasiones el cerebro nos engaña con pensamientos irreales, estos pensamientos reciben el nombre de “pensamientos distorsionados”, muchos de ellos llegan a ser una verdadera carga para nuestras relaciones sociales y marcan algunas de nuestras fobias.

Veamos cuales son los pensamientos distorsionados más comunes para ser capaces de reconocerlos, de forma de no caer en la “trampa” que nos hace nuestro cerebro.

Seguro que con alguno te vas a sentir identificado.

Los ejemplos de engaños de nuestro cerebro

Pensamientos polarizados:

Con esta tipo de pensamientos uno hace elecciones dicotómicas, no hay términos medios.

Las cosas son sólo buenas o malas. Esto crea un mundo en blanco y negro y uno no puede ver los matices de gris.
Cuando este pensamiento se aplica sobre uno mismo entonces si el individuo no es perfecto, se siente un fracasado o un inútil.

Interpretación del pensamiento:

Son creencias o ideas que uno se hace de personas o situaciones. Esto se produce en la medida en que uno esta convencido que la gente siente y reacciona de la misma manera que uno mismo en igual situación.
Por lo tanto no puede distinguir que haya personas que pueden actuar o ser diferentes a lo que uno piensa.

Visión catastrófica:

Es la tendencia a ver en pequeños signos una probable catástrofe.
Por ejemplo: Un dolor de cabeza indica que tenemos un tumor cerebral o el pulso acelerado indica un inminente infarto cardíaco.

Personalización:

Esto conducta lleva por lo general al hábito de compararse con los demás.
Si resulta vencedor de la comparación, gozará de un alivio momentáneo y si resulta perdedor se sentirá humillado. El error básico de este tipo de pensamiento es que se interpreta cada mirada, cada gesto o conversación como una pista o un dato para analizarse y valorarse a sí mismo.
El individuo que piensa así cree que todo lo que hacen o dicen los otros, es de alguna forma una reacción hacia el.
Viven esclavos de compararse con los demás, intentando determinar quién esta mejor vestido, quien tiene mejor cuerpo, etc.

Filtraje:

Quien tiene esta distorsión sólo ve un elemento (negativo) de la situación con exclusión de todo lo demás. Del total de la situación, toma un simple detalle y todo el resto del evento queda teñido por este detalle.
Algunos son sensibles solo a las pérdidas y no valoran también los probables beneficios de las cosas.
Otros solo ven la mínima posibilidad de peligro en una situación y eso les impide disfrutar del conjunto, que puede ser agradable.

Hay quienes en las personas solo buscan evidencia de injusticias y no valoran el resto.
Esto no se da solo al considerar situaciones nuevas sino también al reexaminar los recuerdos.
Si uno procede así al revisar su pasado puede volver a experimentar selectivamente (filtrando el resto) solo las situaciones donde estuvo enojado o con angustia o depresión, saltándose los momentos donde estuvo bien.
Resumiendo: Esta clase de individuos toma todo lo malo de algo y lo magnifica, mientras que por otro lado se filtran las cosas buenas. Es como el que, ante una botella llena hasta la mitad, dice sistemáticamente: “Esa botella está medio vacía”.

Falacia de control:

Son distorsiones del sentido del control o del poder sobre sí mismo.
Una persona puede verse a si mismo como impotente y externamente controlado, pasivo, que nada puede hacer o por el contrario como que todo lo puede, creerse responsable de todo y de tener que llevar al mundo en sus hombros.
Los dos modos básicos de ver el mundo desde este estado es o sentirse víctima del destino o por el contrario, creerse responsable del sufrimiento o de la felicidad de los que le rodean.

Razonamiento emocional:

Creencia de que si la persona siente determinadas cosas es porque son así en realidad.
Si uno se siente feo es porque uno es realmente feo. Si uno se siente culpable es porque tiene que haber hecho algo mal.
El problema de creerse uno que el pensamiento emocional es siempre válido, es como creerse que todo lo que dice la publicidad de la TV es todo cierto.

Falacia del cambio:

Es el convencimiento del individuo de que es más fácil cambiar a las otras personas para que se adapten a uno que modificarse uno para adaptarse al entorno.
Las estrategias para cambiar a los demás incluyen echarles la culpa, exigirles, ocultarles cosas y negociar. El resultado generalmente es que la otra persona se sienta atacada constantemente y no cambie en absoluto.
El supuesto fundamental de este tipo de pensamientos es que la felicidad de uno depende de los actos de los demás.

Etiquetas globales:

Etiquetar es ponerle un rótulo a las personas o a las situaciones a partir de algún hecho o circunstancia.
Si alguien no presta alguna cosa es etiquetada de egoísta. Si una persona se muestra poco bulliciosa en el grupo un par de veces ya queda etiquetado de aburrida.
Estas ideas pueden contener algo de verdad pero lo malo de las etiquetas es que ignoran toda evidencia contraria convirtiendo la visión de las cosas en algo muy rígido y rutinario.

Los debería:

Los individuos con esta distorsión tienen una “lista interior” de normas rígidas y estereotipadas sobre como “deberían” comportarse o actuar tanto él como los demás.
Si se transgreden esas normas internas se enoja mucho, o se siente muy culpable si es el mismo quien las viola. Como resultado de esto a menudo se termina adoptando la posición de estricto juez y encuentra permanentemente faltas en otros o en sí mismo.
Si los demás no actúan consecuentemente a sus criterios se irrita o se pone intolerante. Está convencido que todos “deberían” conocer las reglas y “deberían” seguirlas.

Tener razón:

La persona tiene que probar continuamente que su punto de vista es el correcto. Se pone siempre a la defensiva no interesando la opinión del otro sino defender su idea.
Es como que uno nunca se equivoca. Las personas con este tipo de opiniones raramente cambian porque no suelen escuchar nuevas informaciones, todo lo que no encaja en lo que ya creen lo ignoran y suelen considerar que tener razón es más importante que mantener unas buenas relaciones.

Culpabilidad:

Los individuos con esta distorsión experimentan alivio cuando encuentran quién es el culpable o responsable de alguna situación.
Pero esto, generalmente implica que es el otro el que se ve forzado a convertirse en responsable de elecciones y decisiones que, en definitiva, son también responsabilidad de uno.
Algunas personas, de manera preferencial, vuelcan la culpabilidad sobre ellas mismas. Así constantemente se preocupan por creerse incompetentes, estúpidas, insensibles o muy emotivas.

Falacia de la recompensa:

La persona con esta distorsión se comporta “correctamente” en espera de una recompensa.
Por lo general llega a agotarse física y mentalmente trabajando y pensando que su esfuerzo será reconocido y recompensado por quien uno estima (los hijos, el cónyuge, el jefe, Dios, etc.).

Sobregeneralización:

El individuo tiende a hacer una conclusión válida para todo a partir de un solo hecho, generalmente poco relevante, ignorando cuidadosamente todo lo que pueda contradecirlo.
Así si uno se marea realizando un viaje en avión nunca realizará otro. Esto conduce a una vida cada vez más limitada porque si ocurre algo malo una vez se esperará que ocurra eso una y otra vez.

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