AUTOAYUDA MENTE

Estrés y ansiedad. 4 actitudes que pueden cambiarlo todo. Ejercicio

Ansiedad

Si tú también formas parte de ese creciente (y alarmante) número de personas que sufren de “vida moderna” y han perdido la habilidad para manejar sus niveles de estrés y ansiedad, ya sabes que existen sencillas prácticas basadas en la atención plena (click aquí) que te ayudarán a recuperar tu centro de forma eficaz.

Sin embargo, las principales fuentes de estrés y ansiedad derivan de actividades cotidianas, y no siempre podemos sentarnos en la silla de práctica para recobrar el equilibrio.

  • ¿Qué puedo hacer cuando la tormenta mental hace acto de aparición, de forma repentina, en situaciones tan cotidianas como la cola del supermercado, la oficina, la cena familiar o el transporte público?
  • ¿Cómo puedo amplificar mi claridad mental y equilibrarme cuando siento que no es el momento más adecuado para practicar?

Mi respuesta: es una cuestión de actitud. Con una actitud correcta, la conciencia adquirida durante la práctica irá rociando, dulce y firmemente, diversos ámbitos de nuestro día a día.

En este post voy a hablar de 4 actitudes que favorecen la conciencia, la salud y el equilibrio mente-cuerpo, y te voy a proponer un sencillo ejercicio.

La atención plena nos enseña a centrar nuestra atención exclusivamente en el aquí y ahora, permitiéndonos volvernos objetivamente conscientes de lo que experimentamos en este instante, ya sean sensaciones, pensamientos, emociones o comportamientos. Esta conciencia adquirida gracias a la atención enfocada en el momento presente, el único del que disponemos, nos brinda la oportunidad de conocernos mejor y nos permite aplicar este autoconocimiento a la hora de tomar decisiones más reflexivas y menos reactivas.

“La actitud es uno de los nutrientes principales que ayuda a que nuestra atención florezca, y con ello nuestra salud y nuestro equilibrio cuerpo-mente.”

Sin embargo, si a la hora de observarnos no asumimos una actitud correcta (ya sea durante la práctica contemplativa o en situaciones cotidianas), podemos caer en una trampa habitual del ego: nos maltratamos. Al volvernos conscientes de rasgos o cualidades que nos incomodan, tendemos al juicio feroz y la autocrítica. Si caemos en este fraude de juicios valorativos hacia nosotros mismos, más estrés, ansiedad, agobio y opresión tocarán la puerta.

La actitud es uno de los nutrientes principales que ayuda a que nuestra atención florezca, y con ello nuestra salud y nuestro equilibrio cuerpo-mente. Mantener nuestra conciencia en un estado de lucidez, saliendo de nuestros patrones de reactividad inconsciente, es cuestión de actitud.

Y ahora que ya sabes la importancia de una actitud correcta, voy a describir 4 actitudes que te serán de gran ayuda en tu día a día:

1. Voluntad

Actitud, intención y voluntad van indisolublemente unidas. Cuando tu actitud es la de prestarte atención y trabajar en tu equilibrio, alejándote de pensamientos y comportamientos generadores de estrés y ansiedad, desarrollas tu voluntad y te permites experimentarte a ti mismo/a como una persona con los recursos necesarios para afrontar la situación. Esto, a su vez, genera confianza y fortaleza interior.

“El esfuerzo volitivo es el esfuerzo de atención… el esfuerzo de atención es, por lo tanto, el fenómeno esencial de la voluntad” – William James

Cada estímulo de nuestro ambiente exterior incide en nuestra consciencia tratando de llamar nuestra atención. Lo que nos predispone a recibirlo o a ignorarlo no es el estímulo en sí mismo, sino el estado de atención. Tu estado de atención tiene mucho que ver con tu voluntad. Y tu voluntad es cuestión de actitud.

2. Flexibilidad y apertura

Tu actitud te ayuda también a abrirte a nuevos puntos de vista, lo que sin duda resultará muy favorable a la hora de desafiar a los pensamientos habituales que alimentan la indeseada ansiedad.

Fundamentalmente, la ansiedad es el resultado de nuestra sociedad neoliberal. Hemos creado un estilo de vida tan rígido y estricto que todo aquello que contrasta con nuestros puntos de vista tiende a ser un foco de opresión interior. Y esto, sin duda, genera mucha ansiedad.

Con una actitud más abierta y flexible, sin puntos de vista tan absolutos, dejamos de categorizar interiormente. El cerebro deja de percibir los puntos de vista diferentes al nuestro como amenazas, con lo que se abstiene de activar el modo de lucha o huida, que es el estado de nuestro sistema nervioso que libera el cóctel bioquímico de la reactividad impulsiva.

Dejar de criticar ferozmente todo aquello que parece contrario a tu rígido sistema de creencias es cuestión de actitud.

3. Aceptación

La capacidad de estar bien con lo que surge, sea lo que sea, sin apegos ni rechazos, sino simplemente observándolo y dejando que sea como es, nos ayuda a obtener claridad acerca de nuestra experiencia y escoger la forma en que respondemos ante estos eventos que surgen momento a momento.

Muchas de las personas que sufren de ansiedad son capaces de reconocer cuándo un ataque está apunto de emerger en base a sus sensaciones físicas. El problema es que, cuando las sensaciones se presentan, pueden convertirse por sí mismas en los detonantes del ataque. Tal vez estas sensaciones no estuvieran anunciando nada, sino que fuimos nosotros quienes las asociamos con ataques de ansiedad en base a experiencias previas, y eso precipitó el ataque.

Esta asociación mental es realmente peligrosa. Sin embargo, si aprendemos a surfear la ola de ansiedad, esta puede disolverse por sí misma sin mayores consecuencias. Ser capaces de observar estas sensaciones corporales en total aceptación, sin miedo, manteniéndonos imparciales ante lo que surge y con una sana curiosidad, requiere práctica, pero sobre todo requiere actitud.

4. Compasión

La primera forma de compasión es la autocompasión. Decía el maestro que, si tu compasión no te incluye a ti mismo, no es completa. Y sucede que en muchas ocasiones somos gentiles y considerados con otros, pero cuando se trata nosotros la cosa cambia.

La compasión crece con la práctica, por razones obvias: cuando nos tomamos tiempo para sentarnos y sentirnos, esto revela la más básica forma de amor, el amor por nosotros mismos.

Compasión es tenderte una mano a ti mismo. Cuando no filtras tan negativamente la forma en la que te percibes o diriges a ti mismo, muchas fuentes de ansiedad desaparecen. Los juicios y prejuicios son “colegas” de la ansiedad, no lo olvides.

Presta atención a la forma en que te diriges a ti mismo, porque eres tú quien escucha. Dirigirnos a nosotros mismos en tono despectivo, desagradable o hiriente puede ser un detonante de ansiedad.

Mostrar benevolencia y compasión hacia ti mismo es cuestión de actitud.

Práctica

Echa un vistazo a las 4 actitudes de arriba y tómate tiempo para analizar lo que sientes al leerlas. Respira. Inhala y exhala cómodamente, sin esfuerzo. Después, responde a estas preguntas:

  • ¿Qué actitudes te resulta natural o fácil adoptar? ¿Siempre, o hay excepciones?
  • ¿Qué actitudes te resulta complicado adoptar? ¿Se trata de una resistencia por tu parte, o simplemente no sabes cómo hacerlo?

Autor:Jorge Benito

Director de Mindfulness Exercises, investigador científico independiente, estudiante de neurociencia (HarvardX – Harvard online training), escritor, ilustrador, diseñador y meditador experimentado.

Fuente: http://es.mindfulness-exercises.net

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