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Introvertidos o extrovertidos ¿De qué lado estás?

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C.G. Jung divide la humanidad en dos categorías: los extrovertidos, y los introvertidos.

Los extrovertidos están interesados en lo externo. Es gente activa, mundana; que persigue la riqueza, el prestigio, la posición, el poder. Se convierten en políticos, reformadores sociales, grandes líderes, grandes industriales.

Y los introvertidos no son personas muy activas. Si tienen que hacer algo lo hacen, pero no tienen una inclinación a hacerlo. Lo que les gustaría sería quedarse con los ojos cerrados. Se hacen poetas, místicos, meditadores, gente contemplativa.
No les interesa el mundo, solamente están interesados en ellos mismos; cierran los ojos y repliegan sus energías. Pero ambos están equivocados, porque ambos están divididos.

En su interior, una persona extrovertida siempre sentirá que le falta algo. Está desequilibrada, le ha concedido demasiada atención a lo externo. Y el que siempre ha estado consigo mismo, también sentirá que le falta algo, porque es pobre en el mundo exterior.

Evita los extremos

No hagas ninguna distinción entre lo exterior y lo interior.
Fluye, sé equilibrado.

El exterior y el interior son igual que los dos ojos: si elijes uno podrás ver, pero tu visión perderá profundidad. El interior y el exterior son sólo dos ojos, ¿por qué elegir? ¿Por qué no usar ambos sin elegir? Y ¿por qué dividir? ¡Si tú eres uno! ¿Por qué irse a un extremo?

Es fácil ir de un extremo a otro, pero los extremos nunca satisfacen. Esas divisiones pertenecen a la mente.
El interior y el exterior son uno: el exterior es sólo la prolongación del interior; el interior, la penetración del exterior. El todo tiene que incluir lo externo y lo interno.
Para el todo no existe tal cosa como el exterior y el interior.
En la existencia, lo externo se encuentra con lo interno y lo interno con lo externo.

¡Transciende los extremos!

No seas ni una persona mundana ni alguien totalmente espiritual. ¡Equilíbrate!
“Aquellos que no viven en el Camino único fracasan en ambos: actividad y pasividad, afirmación y negación”.
A este equilibrio Buda lo denomina el camino del medio, “majihím níkaya”; y Confucio lo llama el camino dorado.

Permanece en el medio

Este es el arte más elevado: estar justo en el medio, sin elegir.
Si estás exactamente en el medio transciendes el mundo.
Entonces ya no eres ni un hombre ni una mujer, ni un ser materialista ni un ser espiritual, no estás ni vivo ni muerto.

Ni esto ni aquello

Recuerda, siempre que te encuentres con dos extremos, no elijas.
Trata de encontrar un equilibrio entre ambos.
Al principio, debido al hábito, será difícil. Los viejos hábitos persisten hasta en tus gestos.
Los hábitos son fáciles de mantener porque no necesitas ser consciente de ellos; se mantienen por sí solos, es un acto mecánico.

Eliges fácilmente; condenas y aprecias fácilmente; rechazas y aceptas con mucha facilidad. Es un fenómeno mecánico.
Sin ninguna consciencia, en el momento en que ves algo, ya lo has juzgado y decidido.
Ves una flor y dices: “Es hermosa” o “no es hermosa”. Inmediatamente entra el juicio.

Lo que sea que sientas intenta mantenerte en el medio

Y te sorprenderás de que hay un punto entre los extremos donde ambos dejan de ser.
Esto es lo que Buda llama “upeksha”: un punto tan en el medio que no eres ni esto ni aquello.
Sencillamente no puedes decir nada, estás simplemente en el medio, te mantienes neutral. No te identificas.
Ocurre una transcendencia y esa transcendencia es el florecimiento.
Esa es la madurez espiritual.

Fragmentos de El libro de la nada. Osho.
Fuente: http://semillassolares.blogspot.com.es/

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