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La Luna influye en nuestros sentimientos.

la luna
La Luna influye de manera directa en los pensamientos colectivos de la humanidad y de nuestros sentimientos. La intensidad de su luz es directamente proporcional a los sentimientos humanos. Nuestra maestría personal se basa en lidiar eficazmente con nuestros sentimientos, de manera que conocer la influencia de la lunar nos resulta muy útil. Somos sensibles durante la Luna Llena y los eclipses lunares nos afectan especialmente. La superficie de la Luna está casi vacía de electromagnetismo,de modo que sus vibraciones son muy etéreas. Puesto que el Sol es cuatrocientas veces más grande que la Luna, y el Sol está cuatrocientas veces más lejos de la Tierra, visualmente la Luna parece ser del mismo tamaño que el Sol. La influencia que tiene el Sol y la Luna en nosotros esta equilibrada y es equivalente, aunque distinta. El Sol vibra con frecuencias de viento solar como ondas resonantes, las cuales utiliza para leer las ubicaciones y los ángulos de los planetas en el sistema solar. La Luna captura la energía electromagnética del viento solar, la cual puede leer, y mezcla la información solar con nuestros sentimientos. En nuestros sueños, la Luna transmite estas frecuencias luminescentes, etéreas, que contienen los registros de nuestros bancos mentales subconscientes.

Los humanos, los animales y las plantas atraen magnéticamente la consciencia de la Luna. Comparadas con las vibraciones del sol, las de la Luna son muy sutiles. La Luna simplemente emana recuerdos para nosotros que modulan nuestras respuestas a todo. Como no podemos desarrollar nuestros cuerpos emocionales sin memoria, la Luna contiene nuestros recuerdos del alma, vida tras vida. Cuando enfermamos debido a las pautas emocionales negativas, la Luna nos transmite información para la sanación. Esto hace posible que sintamos lo que va mal y sepamos que hacer al respecto.

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Tenemos una vida en la Tierra, así podemos trabajar conscientemente con nuestros bancos de memoria lunar subconsciente para eliminar traumas y bloqueos, es decir, procesar nuestros sentimientos. Podemos ser más livianos, más armónicos y mas felices realizando un trabajo con el cuerpo y una terapia espiritual para eliminar esas huellas negativas. Estos viejos recuerdos existen en nuestras mentes como sistemas de creencias que nos hacen escuchar grabaciones interiores como “No puedo tener esto”, “No puedo hacer aquello”. Todas esas conclusiones negativas sobre nosotros mismos están almacenadas en el subconsciente, el cual recibe la luz lunar.

Cuando usamos la manifestación, podemos invalidar las negaciones e ir directamente en busca de resultados positivos. La Luna tiene un papel importante ene nuestras vidas emocionales, lo cual es evidente en los informes de la policía que hablan del fuerte estrés de la sociedad durante la Luna Llena. Por lo tanto, trabajar con la Luna y el Sol ofrece un gran potencial.

La Luna envía a la tierra una nueva semilla cada mes durante la Luna Nueva, cuando se esconde el Sol detrás de la Tierra. Fuera de la luz solar, un potencial etérico sumamente elevado baña nuestro planeta, lo cual se puede analizar estudiando la tabla de la Luna Nueva cada mes. Si trabajamos intencionalmente con los ciclos lunares, podemos acelerar enormemente la calidad de nuestras vidas emocionales y de nuestra salud.

 

El estudio científico sobre La Luna

Se ha llegado a decir que la luna tiene un impacto psicoemocional en las personas, pero, ¿cuán real es? Para algunos filósofos de la Antigüedad, este astro madre influye no sólo en el comportamiento de las profundidades del mar y de la cosecha, también para el cultivo de una vida sana tanto física como mentalmente. 

Para Mark Filippi, doctor y autor del Método somático, existe una conexión entre las fases de la Luna y cuatro neurotransmisores básicos: Primera semana lunar: acetilcolina; segunda semana lunar: serotonina; tercera semana lunar: dopamina; cuarta semana lunar: norepinefrina (o noradrenalina).

De alguna manera, la relación entre el mundo exterior –la luna– y el mundo interior –la mente y el cerebro–, ha impactado en una interiorización del aspecto cuaternario que rige los ciclos en la naturaleza: el cuatro es un aspecto importante para las estaciones del año, las fases lunares, los cuartos de hora, los elementos básicos del planeta, las fases de la respiración. En este caso, las cuatro fases lunares han formado parte esencial del ritmo y la medición de la organización de la naturaleza, permitiendo la absorción y división en cuatro grupos de la información –o cuatro cambios emocionales naturales: pasivo ascendente, activo ascendente, pasivo ascendente y activo descendente–. Filippi explica que la idea de que los ciclos emocionales estén ligados a la Luna proviene de Gay Gaer Luce, quien propuso que existe un sondeo calendárico de los síntomas de las personas sanas que revela la oscilación en peso, vitalidad, desempeño óptimo, pesimismo, apetito y sueño; oscilación en brillantez y apagamiento, empeño y apatía, volubilidad e imperturbabilidad, malestar y robusto bienestar.

Esto quiere decir que la frecuencia que emana de la luna afecta la frecuencia de la mente, impactando inevitablemente en el control de nuestras emociones, sentimientos y deseos, y éstas, a su vez, en el pensamiento y conducta de cada individuo. Se trata entonces de la inevitable conexión mente y cuerpo del que todos somos testigos y víctimas, en el que según el ciclo lunar podemos sentir una alteración en la ovulación, menstruación, retención de orina, e inclusive se ha correlacionado con episodios de diarrea y problemas cardiovasculares. 

Si bien las razones de esta influencia lunar se desconocen de manera específica, se intuye que esto se debe a que el ser humano está compuesto mayoritariamente de agua, que es la sangre que, a su vez, lleva oxígeno, nutrientes y neurotransmisores a diferentes partes del cuerpo. La fuerza de atracción de la Luna permite ejercer un efecto sutil a este sistema acuático de distribución: “En la tierra hay arroyos, ríos,y océanos. En los seres humanos hay canales y meridianos. Todos ellos con influencia mutua”.

Filippi proclama la importancia de know thy soma –conocer el cuerpo– a través de la observación de la naturaleza y su sistema integral. De manera que al observar el calendario lunar, es posible experimentarlo en el cuerpo como un antiguo reloj interno. La influencia del calendario en el cuerpo, según las cuatro fases lunares, puede interpretarse de la siguiente manera:

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Luna Nueva/Cuarto Creciente – Acetilcolina.

Se trata de la primera semana del ciclo lunar, la cual se experimenta como una inclinación filial –filosomático–. Nos volvemos más sensibles, aptos a las actividades grupales y más receptivos a lo emocional. Esta semana se caracteriza por mucha energía pero poca concentración: “las personas tienen buena energía y vivacidad, es genial para introducirla a nuevas ideas”; principalmente porque la acetilcolina se asocia con la memoria y el aprendizaje. Por ello se considera que la luna nueva es ideal para iniciar nuevos proyectos, sembrar plantas, ideas, imágenes, intenciones y aprovechar la energía ascendente.

Cuarto Creciente/Luna Llena – Serotonina. 

Es la segunda semana, la ontosomática, la cual posee mucha energía, concentración mental y creatividad. Aquí se recomienda encontrar un espacio solitario para aprovechar los momento de lucidez en los que participa la serotonina; como por ejemplo, las funciones orgánicas que regulan el estado de ánimo. Nos podemos sentir saciados y plenos, lo cual puede “desbordarse” si no se canaliza en un espacio reflexivo de trabajo y cultivación personal.

Luna Llena/ Cuarto Menguante – Dopamina. 

La semana de la dopamina, o la ecosomática, es una semana de distracción y divertimento, involucrando las actividades sociales y ecológicas –como la empatía–. Está asociada con las experiencias y estímulos que producen experiencias de placer, recompensa y excitación. En la semana de la dopamina podemos aflojar y disfrutar lo que hemos hecho.

Cuarto menguante / Luna nueva – Noradrenalina. 

La semana de lo exosomático es una fase de fight or flight –huir o pelear–, como un estado defensivo en el que intrínsecamente queremos protegernos. Se dice que hay mucho análisis y poca inspiración, pues se trata de un estado hiperbinario, unidireccional y agresivo. Es un regreso, aunque parcial, al cerebro reptiliano: “Si no dilapidamos nuestra energía, será más fácil superar esta semana de fragilidad nerviosa.”

Fuente: Ecosfera.com

Barbara Hand Clow, canalizadora de los Pleyadianos

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