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La verdadera historia de los reyes magos (que no eran reyes)

El primer relato bíblico sobre el viaje de estos Reyes, se encuentra en el Evangelio de San Mateo. Y dice así; “Tres hombres sabios, provenientes del Este, llegaron a Jerusalén diciendo, “¿dónde está el nacido Rey de los Judíos?, porque vimos su estrella en Oriente, y venimos con el fin de adorarle”. Este párrafo de la Biblia, fue escrito cuarenta años después de la muerte de Jesús, y obviamente, dio lugar a diferentes interpretaciones entre los seguidores de la fe cristiana. Pero, ¿quiénes eran esas personas?. ¿Eran realmente tres?

En el Evangelio de San Mateo, se dice que sí eran hombres sabios, aunque la palabra que lo definía era “magoi“. Esta palabra significaba “brujo“. En aquella época un brujo era un hechicero (práctica prohibida por el Antiguo Testamento), una persona que tenía poderes sobrenaturales. Y éste poder, no siempre se utilizaba correctamente. Al traducirse los textos a diferentes lenguas, los traductores, pensaron que la palabra “brujo”, llevaba implícita connotaciones negativas, y si el relato bíblico y la historia, cuenta que eran Reyes que iban a dar regalos, para adorar a un dios, ese acto no tiene nada de malicioso. Así que lo tradujeron como “magos”.

Las primeras representaciones de los Reyes Magos, halladas en templos del siglo III, muestran dos personajes. En las catacumbas romanas aparecen dos, tres, cuatro y seis. Para las iglesias siria y armenia eran doce, como prefiguración de los apóstoles o representación de las tribus de Israel. La iglesia copta los consideraba sesenta y citaba los nombres de varios. Pero, si los Reyes que se presentaron ante Jesús, eran persas, ¿qué ruta siguieron para llegar hasta allí?. La travesía comenzó en Babilonia, ciudad donde se encontraba una de las siete maravillas de la Historia, los jardines colgantes. Esta era una ciudad de Mesopotamia (la actual Irak).

Flavio Josefo relató, que en la época del nacimiento de Jesús, en Judea, había rumores sobre la llegada de un salvador, aunque nadie sabía qué apariencia tendría. Estos hechos, aparecen reflejados y plasmados en los Manuscritos del Mar Muerto. En esos textos, se habla de un Mesías sacerdote, un Mesías Rey, incluso de un profeta. Así que, existían varias figuras sobre esa persona.

Muchos judíos fueron enviados como esclavos a Babilonia. Muchos prosperaron como mercaderes, creando rutas desde Persia hasta Jerusalén, y muchas otras zonas más lejanas, como Saba. Los judíos, vivieron durante siglos con el pueblo persa, intercambiando conocimientos religiosos, incluso una lengua común, el arameo (la lengua de Jesús). ¿Por qué motivo, los magos se desplazarían hasta Judea, para rendir pleitesía a un Mesías judío?.

Existe un manuscrito muy antiguo, llamado el Evangelio Arábigo de la Infancia, donde se cuenta que Zoroastro, predijo el nacimiento de Jesús, y el viaje del los magos a Belén. Los magos fueron en busca del Mesías, porque el hijo de Zoroastro, había sido anunciado por la aparición de una estrella. Gracias a estos conocimientos de las estrellas que poseían, y al zodíaco, realizaban sus horóscopos elaborados para predecir acontecimientos futuros. La astrología moderna y los horóscopos, descienden del arte persa y de sus magos. Entonces ocurrió que los magos divisaron la famosa estrella de Belén. ¿Era la estrella de Belén realmente una estrella, o fue una supernova, o tal vez un cometa?. Esa estrella, era el anunciamiento del nacimiento de un Rey de Reyes.

Uno de los misterios del cristianismo, es la fecha real del nacimiento de Jesús. Esta fecha, se celebra el 25 de diciembre, pero las pruebas científicas (que más adelante analizaré), sobre esa supuesta estrella, indica que esa fecha es ficticia, y que Jesús nació otro día. Realmente, la Navidad se celebra un 25 de diciembre, debido a un festival romano, que tuvo lugar durante el solsticio de invierno. Este festival, era llamado Festival de Saturnalia. Se las llegó a denominar “fiestas de los esclavos” ya que en ellas, los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas. El festival duraba siete días, y comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno (en principio el dios más importante para los romanos hasta Júpiter). Posteriormente, el nacimiento del Sol y su nuevo período de luz fueron sustituidos por la Iglesia, quien hizo coincidir en esas fechas el nacimiento de Jesús de Nazaret con el objetivo de acabar con las antiguas celebraciones.

La estrella de Belen

El día 17 de abril del año VI a.C., los persas divisaron en los cielos la señal que ansiaban. Era la señal que anunciaba el nacimiento del Rey de los Judíos. Los magos, quizá sin darse cuenta, iban a ser una pieza clave de la expansión de la fe cristiana.  Los preparativos del viaje duraron varios meses. Ese tiempo se empleó para trazar una ruta lo más segura posible, hacer acopio de víveres para la supervivencia de los magos y sus animales, encontrar obsequios dignos de un Rey de Reyes (oro, incienso y mirra).

El oro está asociado con la realeza, con la más alta distinción de la época. Era el metal más valorado y apreciado, ya que nunca perdía su color ni su lustre.  El incienso estaba asociado a la divinidad, y solo podía extraerse en escasos lugares, en resinas de árboles que no abundaban en la zona. Su elaboración conseguía que del incienso, emanara un aroma dulce, muy puro. Era tan preciado que, literalmente valía su peso en oro. Se podría decir que un kilo de incienso, valía lo mismo que un kilo de oro. El valor de la mirra, era siete veces mayor al del oro. Era extraída de una planta poco común que crecía solamente en Arabia del Sur, cerca de Saba. El empleo más frecuente de la mirra, era la unción de los difuntos. También poseía poderes curativos, siendo el símbolo de los sanadores de la época. Actualmente, la mirra se usa en investigaciones contra el cáncer. En esa época, no existían objetos más valiosos que esos tres.

Cuando todo estaba preparado, dejaron atrás la seguridad que ofrecía  los muros de Babilonia, para enfrentarse a lo desconocido. En Jerusalén, nadie conocía la profecía de los magos sobre la llegada del Mesías, y Judea ya tenía en esos momentos un rey, que no tenía intención alguna de abandonar su trono. Su nombre era Herodes el Grande, conocido como uno de los Reyes más déspotas de la Historia. Su reinado estuvo marcado por el conflicto entre los persas y los romanos. El Imperio Romano controlaba Judea, y Herodes era su representante. Herodes era un paranoico, un tirano, un asesino, llegando a ejecutar a tres de sus hijos y a su hermano, todo por miedo a que lo destronaran. Cualquier persona que fuera una amenaza para su reinado, Herodes no dudaba en asesinarlo, sin importar quien fuera.

Cuando los magos llegaron a su destino, sus ropajes, sus preguntas a los judíos sobre la ubicación de Jesús y todo lo que llevaban consigo, se expandió por toda la ciudad. Nadie en la ciudad, sabía realmente qué hacían allí, sus motivos y qué pretendían hacer, llegado el momento cuando encontraran a la persona que buscaban. Las habladurías pronto llegaron a oídos de Herodes. El Evangelio de San Mateo dice; “Cuando Herodes oyó esto se preocupó, también los habitantes de Jerusalén”. Esta situación, degeneró en el comienzo de disturbios en las calles. Una ciudad oprimida por el yugo romano, con un Rey déspota, asesino, a quien todos temían y odiaban, repentinamente ve como, unos magos venidos de otras tierras, buscan un Mesías, un nuevo Rey, el Rey de los Judíos. Todo ello hizo que el pueblo se levantara contra Herodes.

El Evangelio de San Mateo cuenta que Herodes, ordenó a sus sacerdotes buscar a su rival. Tras indagar, le informaron que existía una profecía que anunciaba la llegada de un Mesías que nacería en la ciudad de Belén. Así que Herodes empezó a buscar a ese Mesías en la ciudad de Belén, y a los magos de Oriente. Cuando éstos, se presentaron ante Herodes, le contaron el motivo de por qué habían viajado de tan lejos hasta allí, y sin saberlo, estaban poniendo sus vidas realmente en peligro. Así que Herodes, fingiendo compasión, les indicó el camino hacia Belén, para intentar conseguir dar con su rival y deshacerse de él.

La Biblia dice que lo encontraron en un establo, pero existen dos versiones, donde el Evangelio de San Mateo, se contradice con el Evangelio de San Lucas. Las escrituras, sostienen que el paradero no era el pesebre que cuenta San Lucas, ya que los magos visitaron a Jesús en una casa. Los magos, encontraron a Jesús doce días después de su nacimiento. Pero muchos indicios, sugieren que realmente tenía dos años. Llegado el momento de estar frente al Mesías que buscaban, le presentaron los tres obsequios. Esta acción, realmente era una prueba para Jesús.

Si elegía la mirra, sería médico, si elegía el oro, significaba que era un Rey terrenal, y si elegía el incienso, entonces era un dios. El niño Jesús, eligió los tres, demostrando ser las tres cosas a la vez. En ese instante, Jesús se convirtió en un dios, rey en la Tierra, con el poder de sanar milagrosamente.

Mientras Herodes esperaba ansioso el regreso de los magos, para conocer la ubicación exacta de su rival, uno de los magos, antes de partir a Jerusalén, tuvo un sueño premonitorio, donde vio el plan de Herodes de acabar con la vida de Jesús. La importancia que los persas daban a los sueños era máxima, porque era el modo en que sus dioses, se comunicaban con ellos. Al día siguiente, los magos regresaron a Persia por una ruta diferente, sin pasar por Jerusalén. Cuando Herodes se entera que ha sido engañado, y en un ataque de furia, ordenó la mayor masacre de la historia bíblica. Herodes mandó sus legiones a Belén, con la orden de matar a todo niño menor de dos años.

José, padre de Jesús, conociendo la predicción, salió inmediatamente con María y Jesús rumbo a Egipto. Gracias a los obsequios de los magos, los tres pudieron llegar a Egipto de forma más segura, utilizando el oro, incienso y mirra, como moneda de cambio para ir por rutas más seguras. En el siglo III, el cristianismo llegaba a Roma, y los artistas empezaron a pintar a los magos en las paredes de las catacumbas. Fue el comienzo de la inmortalidad de esos misteriosos magos.

En el siglo IX, hacia el año 845, en el “Liber Pontificalis” (El Libro de los Papas), aparecen nombrados como Bithisarea, Melichior y Gathaspa. El escritor y erudito, Beda El Venerable, recoge los nombres y atributos de los Reyes Magos en uno de sus textos hacia el año 700 d.C.: “El primero de los Magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera cana y luenga barba, siendo quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena (“fuscus” en latín), testimonió ofreciéndole mirra, que significaba que el hijo del hombre debía morir”. A raíz de este texto, los artistas empezaron a representar a los magos de acuerdo a determinadas edades. De esta manera los magos venían a simbolizar las tres edades del ser humano: 60, 40 y 20 años, tal y como lo expresa el “Catalogus Sanchtorum” de Petrus de Natatibus, del siglo XV.

¿Qué pasó con los magos. convertidos para la Historia como los Reyes de Oriente?. A principios del siglo IV, Santa Elena, después de hallar milagrosamente en la colina del Gólgota la Vera Cruz (la cruz en la que se cree fue ejecutado Jesús de Nazaret. En el catolicismo se la considera una reliquia de primer orden), trasladó de Persia a Constantinopla, los cuerpos de los Reyes Magos, para asegurar su veneración. Santa Elena, era Helena de Constantinopla, madre del Emperador Constantino I El Grande. Así que llevó los restos a la ciudad que llevaba el nombre de su hijo. Santa Elena, es representada siempre portando la cruz.

En el siglo VI, el obispo de Milán, San Eustorgio, visitó Constantinopla para que el Emperador le permitiera aceptar su reciente nombramiento. El emperador le obsequió con los cuerpos de los Tres Reyes, trasladando las veneradas reliquias hasta la lejana sede de su diócesis, que descansaron por un tiempo en la Iglesia que llevaba su nombre.

En el año 1.162, Milán es saqueada y destruida por el Emperador alemán Federico Barbarroja (Federico I de Hohenstaufen). Su consejero Reinaldo de Dassel, obispo de Colonia, no olvidaba, en medio de la contienda, los intereses de su diócesis, y pidió al emperador permiso de llevar a la ciudad de Renania las reliquias, las cuales se encontraban en tres sarcófagos, donde supuestamente había tres cuerpos incorruptos.

Estos sarcófagos estaban rodeados por un círculo dorado, como indicando que no debían ser separados. Cuando Reinaldo se presentó en el templo de San Eustorgio para apoderarse de ellas, los sacerdotes le dijeron que el sarcófago contenía los restos de Dionisio, Rústico y Eleuterio, y que no sabían nada respecto a los nombrados Melchor, Gaspar y Baltasar. Reinaldo, escéptico, mandó que se levantara la pesada losa, viendo que éstas,  estaban vacías.

Los sacerdotes milaneses, extrajeron los huesos durante el sitio de los bárbaros, y los habían sepultado bajo la torre del campanario de la Iglesia de San Giorgio Palazzo. Reinaldo consiguió descubrir el escondite donde estaban ocultos, y se los llevó rumbo a Colonia. Esta ciudad fue fundada por el emperador Claudio en el año 50 d.C., como sitio de descanso, retiro, una jubilación para los altos rangos y más importantes cargos de los ejércitos romanos.

La ciudad se llamaba Claudia Ara Agrippinensis. Todavía en tiempos de Federico Barbarroja la ciudad era reconocida como Colonia Agrippina. Hace referencia al nombre de la madre de Nerón, emperador romano entre los años 54 d.C. y 68 d.C. La afluencia de peregrinos de todos los ámbitos del Imperio, que querían venerar a los Reyes Magos, era de tal magnitud, que se vieron obligados a construir un templo digno para ellos, la Catedral de San Pedro y Santa María de Colonia. Nicolás de Verdun, fabricó el relicario donde se depositaron los restos, donde se conservan desde entonces las reliquias.

Esta reliquia es de oro, con incrustaciones de piedras preciosas, y es el más grande en el mundo occidental. Esta Catedral, se convirtió en el centro de peregrinaje más importante. Pero, ¿están realmente custodiadas en su interior, los huesos de los Reyes de Oriente?.  Debajo de la catedral, hay custodiada una prueba, que puede revelar si esto es así, una mortaja, que originalmente contenía los huesos, cubriéndolos para su protección y conservación.

Esa tela, estaba hecha de hebras de hilo de China, envueltas en hebras de oro. Esta tela tan selecta, sólo al alcance de personalidades muy importantes y respetadas, estaba teñida con la tintura más costosa de la época, con púrpura de tiro, extraída de una clase de caracol. Se necesitan 9.000 caracoles, para obtener 1 gramo de tintura de esa calidad. La púrpura de Tiro, también es conocida como púrpura real o púrpura imperial. El historiador griego más importante del siglo IV, llamado Teopompo, dijo: La púrpura para los tintes valía su peso en plata en Colofón”.

Esa tintura, sólo se empleaba en telas muy especiales, telas destinadas para Reyes de la Corte Bizantina. La mortaja está datada, según los datos científicos, en el siglo II a IV d.C., en la región de Siria. Así que,  podría ser la tela que utilizó Santa Elena, para cubrir los restos, hacia el 300 d.C. Y esos restos, descansan para siempre en un sarcófago destinado a Reyes.

Artículo original completo de Jorge Palazón

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