CONCIENCIA MENTE

Lo que nuestra mente nos muestra

Vacuidad

Sunyata (vacuidad) es un término filosófico con un significado específico. Lo primero que debemos comprender es que no significa nulidad o nada. La vacuidad consiste en las tres características de todos los fenómenos: son insubstanciales, dependientes, e impermanentes.

Los fenómenos se describen como insubstanciales porque nuestra experiencia de ellos es una representación mental interna. Tomemos por ejemplo un recipiente, como un vaso. Podemos verlo, tocarlo, y someterlo al contacto con otros sentidos. Nos parece sustancial —es decir, un objeto con masa y volumen, color, textura, temperatura, etc. Sin embargo, nuestra experiencia de todas esas características no es directa. No podemos trasladar el recipiente a la interioridad de nuestra mente. Al ver el recipiente, la imagen que formamos de él es estrictamente un fenómeno mental.

Shuniata significa que no hay nada que posea una esencia individual y, por tanto, que todo está vacío, sin una realidad independiente. Todo lo que existe está relacionado y es interdependiente, y la aparente pluralidad de individualidades es un carácter ilusorio de nuestra existencia.

Esta ignorancia (avidya) de la verdadera naturaleza de la realidad es, por tanto, no experimentar shuniata como la verdadera naturaleza de la misma. Cuando esto es posible, es precisamente lo que se llama el “Kundalini“, “despertar” o “iluminación” en el budismo.

Cabe destacar que el concepto de shuniata nunca implica que la realidad no exista, no equivale al cero (aunque en la India la idea del cero parte de la idea de la shunia) o a una ausencia total. No es sinónimo de nihilismo. Contrariamente sugiere una realidad última, que no puede clasificarse en las categorías de la lógica.

Este concepto fue muy desarrollado filosóficamente a partir de la noción de la no existencia de individualidad (anātman) y la explicación del surgimiento dependiente (pratītyasamutpāda). Es una pieza central de toda la filosofía budista, de manera que toda enseñanza sobre la naturaleza de la realidad se desarrollará a fin de ayudar a comprender qué es esa vacuidad.

¿Cómo vemos?

Los ojos transmiten una serie de impulsos nerviosos, que la mente interpreta como forma y color. Los nervios son sólo capaces de ‘disparar’ o no; es todo una serie de unos (1) y ceros (0). Es igual para todos los sentidos: todo contacto con los objetos ocurre exclusivamente en la mente. Si estamos inconscientes o distraídos, no percibimos los objetos, aún cuando los sentidos funcionen perfectamente.

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Simbolo de Suniate ( pixabay.com )

Es por esta razón que podemos aseverar sin duda alguna que todos los fenómenos son insustanciales. No es una descripción ontológica, sino fenomenológica. Nuestra experiencia de ellos es puramente mental, y esas percepciones no tienen sustancia. Se generan exactamente de la misma forma como se producen los objetos en nuestros sueños. El elefante que soñamos sólo ‘existe’ en nuestra mente, y así también el elefante que vemos en la selva. No hablamos aquí del elefante en sí (esa es otra discusión), si no de nuestra experiencia del elefante. La experiencia es puramente mental.

Los objetos son dependientes por muchas razones, pero tal vez la más importante para nuestros propósitos es que su ‘existencia’ (es decir, nuestra percepción de ellos) literalmente depende de nuestra atención y nuestra memoria. Si no prestamos atención, no hay percepción, como establecimos anteriormente. Además, el reconocer un vaso como vaso, o un elefante como elefante, depende de nuestra experiencia previa. Si no tenemos el concepto, no reconocemos los objetos. Podríamos describir los objetos de nuestra percepción en términos de sus características aparentes, pero no seríamos capaces de identificarlos como ‘un vaso’ o ‘un elefante’.

Por último, los objetos son impermanentes. Aunque podemos entender fácilmente la impermanencia en términos físicos (todos los objetos están sujetos a la entropía, o la desintegración: nada perdura, todo cambia), nos referimos aquí específicamente a nuestra percepción. El objeto que percibimos no perdurará en nuestra conciencia, por más que nos esforcemos. Será reemplazado por otra percepción, y otra, y otra. Aún nuestra memoria de los objetos percibidos anteriormente cambia, y ‘recordamos’ las cosas de maneras diferentes.

Sólo algo que es sustancial, independiente, y permanente puede existir intrínsecamente, y ningún fenómeno percibido puede cumplir estas tres condiciones. Por lo tanto, la totalidad de nuestra experiencia fenomenal es una vacuidad.

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