pecados, indiferencia, males, maldad, consumismo

Los nuevos “7 Pecados Capitales”, las matrices del mal

Lamentablemente, en el mundo que nos rodea, los clásicos 7 errores bíblicos han quedado obsoletos. hoy son más sutiles, más crueles, más paralizantes. La propuesta es saber cuáles son para luchar contra ellos. Le enseñamos a reconocerlos y a vencerlos

Se denomina “pecado capitales” a las faltas y transgresiones que dan origen a otras, es decir, que actúan como matrices de mal.

La particularidad de estos males es que se imponen, imperan en las sociedades y son prácticamente tolerados. Los nuevos pecados capitales son el mal de nuestra época.

Hijos de la globalización, muestran sus efectos en el clima de intolerancia religiosa y política, en la indiferencia hacia la pobreza extrema en la que viven numerosos pueblos, en la ambición descontrolada que conduce a la violencia y al exterminio de la naturaleza.

Quizás, en este último tiempo, nuestros pecados capitales por fin se estén desenmascarando. Si las desigualdades, la inestabilidad política mundial y todos los flagelos que afectan al planeta tienen un lado bueno, es que nos obligan a reconocer los errores cometidos y los delitos tolerados.

No hay que olvidar que a cada pecado capital le corresponde una virtud cardinal que lo combate. Tal vez, ha llegado el momento de responder a la indiferencia con solidaridad, al consumismo con austeridad, al deseo de poder con la humildad, a la traición con la lealtad, a la deshonestidad con honestidad, al culto a las apariencias con la humildad y a la perversidad con la compasión.

Toda crisis tiene como contraparte un examen de conciencia colectivo, lo cual puede llevarnos a la solución.

LA PERVERSIDAD

Ser perversos supone encontrar placer en hacer el mal, algo que en nuestra sociedad actual se encuentra muy presente. La perversidad es una mezcla de crueldad y sadismo, con la que determinadas personas hallan gran satisfacción en lastimar, oprimir o hacer sufrir a otros, sólo por el mero placer de hacer daño. Cuando la perversión domina, provoca el envilecimiento del hombre por el hombre; del niño por el adulto (violaciones, abusos físicos y psíquicos); de la mujer (amenazas, golpes en la pareja, prostitución); del discapacitado, del enfermo, del anciano, de todos aquellos que son débiles en algún sentido y que no pueden defenderse, sea por su incapacidad física, psíquica, su edad o su condición social o laboral. En su máxima expresión, vemos a la perversidad regodearse en las guerras, en las prisiones, en el totalitarismo, en el racismo o en el fanatismo.

EL CULTO A LAS APARIENCIAS

Vivimos en una cultura globalizada que privilegia y exige una dependencia por las cuestiones materiales. Y esa cultura genera determinados pecados, uno de los cuales es el “culto a las apariencias”, el deseo de sobresalir a toda costa, teniendo o no  los medios para hacerlo.

Detrás de este pecado se ocultan otros:

• La cobardía, que implica el temor a la crítica y al rechazo.

• La mala fe de justificar actos crueles, con el fin de mostrar una personalidad fuerte, segura.

• La suficiencia de pregonar el éxito logrado, ya sea imaginario o real.

• La soberbia de creerse mejor que el otro.

• La intolerancia al exigir para los demás un rigor que no se tiene para con uno mismo.

• La falta de escrúpulos, que impulsa a sacrificar principios y valores para conseguir bienes materiales.

• La frivolidad, esa inclinación obsesiva por lo superficial.

EL CONSUMO EXAGERADO

Muy conectado con el anterior, este pecado rige las sociedades actuales, en las que todo funciona para incrementar nuestro deseo de consumir. El consumo exagerado consiste en un reflejo incontrolable por querer poseer lo que tiene otro, un otro imaginario potenciado por la publicidad (el hombre rico, con el mejor coche, la mujer más bella, etc.). De esta forma, comenzamos por obsesionarnos con la compra del último modelo de televisor y seguimos por otras muchas cosas ingresando en una espiral que nos condena a rivalizar eternamente con nuestros semejantes. Este pecado está en la mirada envidiosa de la mujer que no soporta el atractivo de otra o en la amargura crónica del hombre que no puede comprarse el auto último modelo. Se genera una insatisfacción permanente y una frustración crónica, que terminan provocando angustia, crueldad y violencia.

La felicidad no se encuentra en las vidrieras, sino en los vínculos

EL DESEO DE PODER

Quizá los antiguos profetas o los primeros padres de la Iglesia hubieran considerado que este pecado capital quedaría cubierto por la Soberbia; sin embargo, en nuestra época, el deseo de poder adquiere un significado más vasto y más insidioso que el que puede atribuirse a la soberbia u orgullo desmedido. No es necesario tener grandes responsabilidades o ser un personaje importante para cometerlo. En las sombras, en plena exposición pública o en la vida cotidiana, quien busca y desea el poder, recurre a la manipulación, a la exclusión del otro, al desprecio, a la denigración, a la mentira, al sarcasmo y hasta al crimen, con tal de lograr sus objetivos. El poder es una enfermedad que, como los anteriores pecados, nunca se sacia, siempre quiere más, aunque no sepa ni porqué ni cómo. La búsqueda de poder es una forma de violencia y desconsideración hacia el prójimo.

LA INDIFERENCIA

Un poeta inglés, John Donne, decía: “No preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti”. La persona indiferente es incapaz de identificarse con el prójimo, para él, el dolor del otro jamás será propio. Ninguna forma de virtud es posible si no nos interesa lo que le ocurre a otro. La indiferencia frente a todo lo que no sea uno mismo es una mezcla de vanidad, egoísmo y cobardía. A fuerza de indiferencia, perdemos interés por todo aquello que no nos afecte de manera directa y nos volvemos cada vez más insensibles al dolor ajeno. Es una falta  que se encarna y se contagia, a tal punto, que se vuelve una conducta colectiva. La única forma de lidiar con este pecado es educar a nuestros hijos en el amor y la comprensión auténticos. Y decimos auténticos porque quien es capaz de querer de verdad, ama sin importar quién sea el otro, ama, sencillamente.

LA TRAICIÓN

La traición quizá sea el más sutil de los pecados. Sutil, porque es solapado y no siempre resulta descubierto. La traición sólo puede actuar después de haber ganado la confianza del otro, por eso es tan dolorosa. Así, el traidor la ejecuta después de habernos incitado a abrir el corazón y contarle cosas íntimas; luego de hacer- nos creer que podemos contar con su discreción. Es entonces, en el momento más inesperado, cuando actúa con la rapidez una puñalada por la espalda.

La traición muestra también su rostro en la cobardía de no salir a favor de quien ha entregado su confianza, en la mala fe de quien busca justificar sus acciones con la excusa de haber pensado en el bien de la persona a la que traiciona. Es un pecado que destruye en un abrir y cerrar de ojos algo muy valioso y difícil de construir, ese tesoro llamado “confianza”.

LA DESHONESTIDAD

Ser deshonestos es faltar a la verdad. Tanto en el plano económico, como  moral o intelectual, este pecado puede esconderse tras una apariencia encantadora, incluso, afectuosa. pero… tarde o temprano se desenmascara en la falta de respeto al prójimo, en el deseo de humillarlo, de negarlo. Un deshonesto es un secuestrador de la verdad sea en un aspecto material, como alguien que nos oculta información, nos roba dinero; como alguien que nos miente o no nos dice las cosas como son en realidad y en lo espiritual, en tanto un deshonesto es alguien que ha perdido su alma o la ha vendido para conseguir no se sabe bien qué.

En realidad, alguien deshonesto es alguien que miente a los demás y que se miente a sí mismo, aunque no siempre podamos saber que lo está haciendo. Lo seguro es que, más tarde o más temprano, el culpable caerá en su propia red.

UNA TAREA INELUDIBE

SI BIEN LOS NUEVOS PECADOS SON MUCHOS MÁS QUE SIETE, LOS MALES DE LAS SOCIEDADES PUEDEN RESUMIRSE EN LOS QUE LES PRESENTAMOS. A ELLOS, SIN EMBARGO, HABRÍA QUE AGREGAR EL EGOÍSMO, LA CRUELDAD, LA COBARDÍA, LA MALA FE, LA SUFICIENCIA, EL FANATISMO, LA FRIVOLIDAD… Y UNA LISTA INFINITA DE OTROS MALES CRÓNICOS. FILÓSOFOS ACTUALES, PSICÓLOGOS Y SOCIÓLOGOS HAN CONSIGNADO SIETE PECADOS QUE ENGLOBAN A MUCHOS OTROS Y NOS DAN UN PANORAMA DE NUESTRA SITUACIÓN MORAL, UN DIAGNÓSTICO DE LAS ENFERMEDADES ESPIRITUALES QUE NOS AFECTAN EN EL MUNDO DE HOY. UNA LACRA MORAL QUE AMENENAZA CON DESTRUIRNOS, SI NO SOMOS CAPACES DE ENFRENTAR ESOS COMPORTAMIENTOS Y SUPERARLOS. ES UNA TAREA INMENSA, UNA OBRA SOCIAL E INDIVIDUAL CASI IMPOSIBLE DE LLEVAR A CABO, PERO, NO POR ESO, ELUDIBLE.

Fuente: http://www.revistapredicciones.cl

También podría interesarte