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Medicina del Alma. Entrevista al abogado y ensayista Diego Viegas

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“¿Quién es capaz de distinguir las consecuencias espirituales tajantemente de las consecuencias psicoterapéuticas?

Medicina del alma

En Ayahuasca. Medicina del alma, el antropólogo, abogado y ensayista Diego Viegas propone un retorno a las medicinas tradicionales de los aborígenes latinoamericanos en un contexto de cuidado específico como alternativa a las formas clásicas sin ninguna pretensión de competencia pero sin ignorar tampoco el plus espiritual que suelen aportar estas experiencias.

El libro, publicado por la casa Biblos, escrito en coautoría con el médico psiquiatra Néstor Berlanda, lleva un prólogo del especialista francés Jacques Mabit, y es una apuesta por levantar la ayahuasca del subsuelo de la experiencia salvaje a la que suelen someter el brebaje los aventureros que andan el Alto Amazonas.

Viegas es docente en la cátedra Etnografía del Conocimiento en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y secretario de la Fundación Mesa Verde. Berlanda es docente de la carrera de posgrado en Psiquiatría de la Facultad de Medicina en esa misma casa de estudios.

Esta es la conversación que Viegas sostuvo con Télam.

T : Primero (y fundamental). ¿Cómo hacer para que la ayahuasca no que de capturada en el discurso moralista y retrógrado sobre las drogas?
V : La ignorancia se combate con buena información. Es esencial que los medios de comunicación se informen y difundan ciertos temas en los ámbitos populares de acuerdo a criterios académicos y a las pruebas científicas obtenidas hasta el momento. Como todos los vocablos el concepto droga tiene una connotación histórico-cultural que en el caso del occidente moderno lo asimila a ideas como ilegalidad, escapismo, patología, veneno, adicción. Se hace una inmediata asociación droga = cocaína. Pero pocos llaman droga al vino, a las bebidas blancas, a la cerveza, al tabaco, al azúcar, a los fármacos de laboratorios, a la TV, a internet. Alguien dijo alguna vez que la diferencia entre un alimento, un veneno y una medicina es la dosis. Sin embargo los enteógenos (del griego en-theos: Dios dentro de uno) deberían escapar a estas discusiones porque entran en la categoría de medicina tradicional indígena. Se precisó crear este neologismo en 1979 para designar las sustancias vegetales naturales utilizadas desde la prehistoria en contextos rituales chamánicos, religiosos, proféticos o reverentes, que según las tradiciones arcaicas de los pueblos originarios, aborígenes o indígenas de este planeta, promueven estados beatíficos y de inspiración otorgados por los espíritus o dioses.

En ese contexto, la ayahuasca es una medicina tradicional indígena con un uso cultural de unos 5 mil años de antigüedad. Para sus verdaderos dueños, los nativos amazónicos se trata de una Planta Maestra y una Medicina con mayúsculas (entendiendo por medicina nuevamente una noción cultural diferente a la nuestra: mucho más amplia, porque engloba la sanación no sólo del cuerpo físico, sino ante todo del cuerpo psíquico-energético y sobre todo espiritual, proveyendo las herramientas para contactar con las esencias ocultas de la naturaleza y los propios abismos psicológicos). Los estudios científicos llevados a cabo hasta la fecha confirman las afirmaciones del mundo indígena. No estamos en presencia de un alucinógeno ni de un psicodélico en el sentido en que esas expresiones frecuentemente se usan. Por el contrario, el ayahuasca y su buen contexto de uso (porque la sustancia en sí, sin el conocimiento indígena asociado, el espacio ceremonial, las dietas previas, sus contraindicaciones, etcétera, no tiene sentido y podría ser contraproducente como cualquier medicina) otorga sanidad, fortaleza psicológica, confrontación con la propia conciencia, y lejos de facilitar ilusiones o alucinaciones ayuda a percibir la realidad tal cual es.

Tampoco es un estupefaciente (no provoca estupor) y muchísimo menos un narcótico (no induce el dormir sino un estado ampliado de la conciencia). Aquél que se proponga hablar sobre este tema debería primero adquirir en sí mismo la experiencia en múltiples oportunidades y en un buen contexto de uso, y también al menos debería informarse de los estudios etnográficos, históricos, arqueológicos de las últimos 50 años, y aquellos de tipo neurológicos, y psicológicos llevados a cabo hasta el momento por especialistas de prestigiosas universidades como R. Stassman, J. Callaway, J Riba y M. Barbanoj, J. M. Fábregas y J. C Bouzo. Lo irónico para los ignorantes que mantienen cierto discurso retrógrado como dices , no sólo sobre las drogas sino además sobre la medicina tradicional indígena (avalada por la propia Organización Mundial de la Salud), es que el médico francés Jacques Mabit -uno de los fundadores de la ONG Médicos sin Fronteras– hace 30 años dirige en la selva del Perú, una clínica de tratamiento de adicciones  a sustancias como la heroína, cocaína y alcohol, con el uso de la sabiduría amazónica ancestral, el ayahuasca, y otras plantas purgativas en integración con terapia occidental, obteniendo uno de los mayores porcentajes de recuperación en el mundo. Recientemente un congreso de especialistas reunido en Tarapoto (Perú), donde estuvimos presentes con nuestra Fundación Mesa Verde, iniciará un trabajo de investigación internacional sobre el potencial terapéutico de la ayahuasca en adicciones y otros problemas de salud. De hecho, una investigación similar, fue financiada y presentada por el organismo De Vida -Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas del gobierno peruano (similar al Sedronar nuestro). En Perú, la ayahuasca es Patrimonio Cultural de la Nación por decreto ministerial.

T : ¿Por qué el ayahuasca es una medicina del alma? ¿Es terapéutica, cura, qué cura?
V : El título de nuestro libro justamente hace referencia a medicina del alma en primer lugar para poner las cosas en su lugar y alejar a una verdadera medicina tradicional chamánica e indígena, con su propia lógica cultural, y en segundo lugar para resaltar la noción de medicina originaria que ve en la mayoría -si no en todas- las enfermedades, un desequilibrio a nivel espiritual. No hay dudas que en muchos casos puede ser terapéutica. En nuestras propias estadísticas llevadas a cabo por más de 17 años con voluntarios, la experiencia facilita la expresión rápida y eficaz de procesos inconscientes a través de dialogismos: desdoblamiento de la conciencia que reconoce las propias metáforas y se descubre a sí misma, imágenes internas que interrogan al sujeto y se dejan interrogar por él, asociaciones libres ideo-afecto-somáticas, catarsis y expulsión liberadora de las emociones. Todo ello ha demostrado ser muy bueno para resolver duelos y pérdidas de todo tipo, conflictos en las relaciones personales,  cargas de la infancia, ciertas dolencias psicosomáticas, miedos, resistencias. Los pocos auténticos chamanes de la selva que van quedando, afirman además poder instruirse a través de su largo proceso iniciático y la ingesta de su Planta Maestra acerca de las hierbas medicinales que podrían sanar o mejorar otras enfermedades no tan claramente psicosomáticas, e inclusive aquellos que son hueseros, también aprenden, mediante largos procedimientos, a diagnosticar y acomodar fisuras o problemas traumatológicos. Por supuesto todo este know how no pertenece a nuestra cultura urbana-occidental-materialista-positivista y sus aplicaciones en nuestro ámbito creo que pueden reducirse a ciertas adaptaciones psicoterapéuticas y de exploración antropológica transpersonal.

T : Según mi experiencia, cura como -eventualmente- cura la filosofía de Heidegger o el psicoanálisis de Lacan. ¿Qué pensás?
V : Acuerdo parcialmente. Todo depende de lo que entendemos culturalmente por salud y enfermedad. El vocablo cura como se aplica a un sacerdote católico y a un curador de una muestra de arte plástico tiene justamente la connotación de cuidado, solicitud y una implícita referencia al mundo de las esencias espirituales. Es probable que el ayahuasca no pueda curar un cáncer avanzado, como tampoco a un paciente psicótico o esquizofrénico (cuya ingesta le está totalmente contraindicada) pero puede en forma periódica cuidar nuestra alma, nuestra psiquis, haciéndonos menos neuróticos con cada fusión en el universo, somatizando menos, limpiando nuestro interior, haciendo que vivamos menos en el pasado o en el futuro y más en el presente, incrementando la posibilidad de que gocemos de los aspectos más simples de la vida, mayor conciencia ecológica, superar el miedo a la muerte, las adicciones,  llenar el vacío posmoderno, evitar que todo ello se convierta en una enfermedad física en el futuro, ampliar nuestra conciencia cotidiana. Eso es curar en serio. Por lo demás el psicoanálisis no alcanza las profundidades del reino transpersonal y del inconsciente colectivo que aparece como cierto y palpable en los estados ampliados de conciencia; y la filosofía, suele ser muy racionalista para efectuar verdaderas transformaciones psicofísicas y espirituales.

T : ¿Por qué se asocia la mixtura con la figura arquetípica de La Madre?
V : Porque el propio espíritu o esencia de la mixtura de plantas suele aparecer en visiones como una figura arquetípica femenina, femenino-vegetal o como boa o serpiente, símbolo del reino ctónico, de la madre tierra. A veces se asocia también con una abuela, por su trato severo y sabio, duro, pero amoroso. En las Iglesias sincréticas daimistas de Brasil consideran a cada uno de los componentes del brebaje (recordemos que no es una planta, sino una mixtura de dos) como femenino y masculino respectivamente.

T : ¿Cuál es el estatus legal del brebaje en la Argentina?

V : En el capítulo 6 de nuestro libro nos extendemos bastante sobre esta cuestión, pero brevemente hay que decir que el ayahuasca (plantas y /o brebaje) no está prohibida específicamente en nuestro país. Por lo tanto su uso está permitido. Sólo algunos principios activos cristalizados, sintéticos o fórmulas magistrales (art 3º de la ley 19.303) están controlados o prohibidos. Generalmente las pociones de ayahuasca del mundo amazónico indígena y mestizo poseen un promedio de 280 mg de harmina y 25 mg de harmalina y en pruebas de laboratorio ni siquiera 960 mg fueron activos por vía oral. Estos compuestos son simplemente inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) que también se encuentran en el mercado en una buena cantidad de antidepresivos IMAO con nombres comerciales como Jumex (Armstrong, L-Deprenyl) o  Aurorix (monoblemida, Roche) con importantes efectos colaterales que por supuesto el ayahuasca no provoca en absoluto. Respecto al DMT, nuevamente, en su forma pura, sintética, cristalizada o extracto farmacológico, está prohibido en nuestro país y gran parte del mundo, pero la United Nations International Narcotics Control Board (UNINCB o JIFE en castellano: Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU) es clara al determinar que ninguna planta o decocción de plantas que contenga DMT está sometida a fiscalización internacional, es decir no están incluidas en la lista de sustancias psicotrópicas (Convenio de 1971 del que Argentina forma parte). Además existe ya jurisprudencia a partir del fallo del juez Carlos Villamarín del juzgado de Garantías nº 1 del Departamento. Judicial de Azul (Provincia de Buenos Aires) que sentencia claramente que no puede asignarse a las plantas en su estado natural (plantas, semillas o flores) la calidad de estupefacientes, más aún habiendo periciado que los rastros de miligramos de sustancias químicas supuestamente estupefacientes son tan escasos que resulta improbable su afectación a la salud pública. La sentencia fue confirmada por la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal. Por otra parte hay que recordar que una especie de Banisteriopsis  (ayahuasca) fue usada en la medicina tradicional de algunos pueblos originarios del norte argentino como tupi-guaraníes, chorotes (que le llamanikahuetiki) y pilagás de Formosa. Por lo tanto el uso tradicional o de integración entre chamanes y profesionales universitarios quedan amparados por la propia Constitución Nacional (art 75 inc. 17), ley 23.302 sobre política indígena, y en especial el art 24 inc. 1 de la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas (en este caso a mantener sus prácticas de salud, incluida la conservación de sus plantas medicinales).

T : Finalmente, ¿cómo evitar que los efectos y los relatos de los efectos de la experiencia sean capturados por el discurso de la religión?
V : No sé si es posible o deseable evitarlo. Nosotros tenemos un acercamiento de pura investigación científica en este asunto (antropológica, sociológica, psicológica, médica o psiquiátrica) pero no se nos escapa que la experiencia con el enteógeno amazónico tiene en algún punto -aunque no en todas las personas- las características de una revelación mística, espiritual, y religiosa en el sentido etimológico del término: re-ligare, es decir volver a conectarse con las demás personas (en un contexto social ferozmente individualista), con uno mismo (en una sociedad consumista y que vive de la imagen externa),  y con el cosmos (brindando una experiencia que era común para nuestros ancestros, las civilizaciones de la antigüedad y las comunidades indígenas tradicionales) Más de la mitad de nuestros voluntarios se sintieron renacidos tras la experiencia y eso indica además de una intensificación de las emociones, los pensamientos y comprensiones profundas, una autoexploración que lleva  paulatinamente a un tipo de espiritualidad no dogmática, universal, mística y directa (sin mediadores vacíos), aportando nuevas sensibilidades medioambientales, humanísticas y de género. Sólo en Brasil se produjo un interesante fenómeno sociocultural hace unos 80 años que derivó en la fundación de tres iglesias ayahuasqueras que sincretizan elementos cristianos, afrobrasileños y el ayahuasca. Hoy están perfectamente legalizadas, y el estado brasileño confió en un mejor control del uso del brebaje a través de las ceremonias y dogmas de estas iglesias. Sin embargo, ya se comienza a evaluar un futuro de oficialización y regulación en espacios terapéuticos, no necesariamente religiosos. La ayahuasca se resiste a las dicotomías occidentales: los propios cultos religiosos brasileños han fomentado y estimulado investigaciones científicas para probar la eficacia terapéutica de la planta y en definitiva ¿quién es capaz de distinguir tajantemente las consecuencias netamente espirituales de las netamente psicoterapéuticas? ¿O psique no significa alma? ¿O no es cierto que un mayor sentido de sanidad interior involucra una mayor adaptación y equilibrio con uno mismo, la familia, la sociedad y el cosmos? Tratándose de la ayahuasca es muy difícil trazar fronteras muy rígidas entre terapia, ritual y viaje iniciático. Por supuesto, en medio del lento cambio de paradigmas en lo científico, cultural y artístico, los fundamentalismos religiosos, positivistas, y utilitaristas que ya se encargaron de destruir el chamanismo en todas partes del mundo -y muy especialmente en nuestra América Latina- se verán amenazados y seguirán hablando con su ignorancia y fanatismo penosos de drogas, demonios, sectas y brujerías varias.

Por Pablo E. Chacón

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