AUTOAYUDA CONCIENCIA CUERPO

MIEDO ese gran monstruo que siempre acecha. Como controlarlo.

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La vida es un misterio para todos, y la realidad es que no nos habríamos molestado en recopilar información si no deseáramos entenderla. Imagina la cantidad de horas que le tomó a cualquier individuo entender el movimiento del sol, el comportamiento de alguna especie, la diferencia entre el mar y un lago, los colores de un insecto. En ese trayecto millones de personas se enfrentaron a lo desconocido, porque no había como ahora el fantástico Google que te permitiera saber exactamente qué sabe el otro sobre lo que estabas tu analizando. Era un constante viaje a ciegas y a pesar de lo gratificante que seguramente fue darse cuenta que un palo puntiagudo era una buena arma contra los depredadores, seguro el primero en intentarlo moría de miedo. Sentía cómo la sangre corría hacia sus extremidades, dándole la opción de defenderse, huir o hasta paralizarse.

Si hablamos con alguien que se haya encontrado en una situación extrema, probablemente te dirá que sí tuvo miedo, pero que finalmente sabía que había que hacerlo para sobrevivir y por eso lo hizo. Esto es lo que pasa con el miedo, es de forma sutil pero determinante una sensación primitiva que ocasiona una reacción.

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He mencionado hasta ahora situaciones extremas, que por supuesto requieren acciones extremas. Pero, ¿cómo es el miedo en la vida diaria? ¿Existe? Por supuesto que si, aún cuando se está feliz, existe ligeramente el miedo escondido, en silencio y siendo casi innombrable. Porque por mucho que se planee, siempre hay cierto grado de incertidumbre. Y el miedo se presenta sobretodo cuando nos hacemos conscientes de nuestras debilidades, como la mortalidad de nuestro cuerpo: empiezas con una tos persistente y en algún punto la entiendes como quizás algo más grave. “Tal vez me estoy muriendo”, y cuando los síntomas desaparecen, pareciera que el miedo también. Pero sigue ahí escondido, a la vuelta de la esquina, para saltar y sorprenderte otra vez.

Jugamos con el miedo un juego de mesa, como ajedrez, cada quien hace su jugada, mueve sus piezas y le queremos ganar. Más se trata de un excelente jugador y nosotros nos distraemos de vez en cuando. El problema es que pensamos en el miedo como un enemigo, cuando como bien dice Thich Nhat Hanh el único modo de liberarnos del miedo y ser realmente felices consiste en reconocerlo y ver profundamente en su fuente, al ser una de las emociones básicas del ser humano debemos aceptarlo, abrazarlo, hacerlo parte de nuestro ser. Porque entonces no podrá afectarnos, no será un desconocido, sino un amigo.

Si en tu vida, te has dado cuenta que el miedo está siempre presente, te aconsejo hacer lo siguiente:

• Reconoce – No es lo mismo tener miedo, que tener ansiedad o enojo. El miedo es mayoritariamente instintivo, dado que posee una reacción fisiológica específica. Quítale todo el contenido extra e identifícalo como tal. Ahora que sabes qué es el miedo, es hora de reconocer cuándo aparece. ¿Ante la incertidumbre? ¿Ante la creencia de que es demasiado bueno para ser cierto? ¿Ante el éxito? ¿Ante el fracaso? ¿Cuándo te viene a saludar? Puede ser en una infinidad de momentos, enlístalos todos.

• Dale nombre e historia – El miedo es de esas emociones que quieren convertir en negativas, por lo que se anclan a historias específicas. Puedes tener miedo al fracaso porque se te inculcó eso en tu familia. Sin importar cual sea la historia, encuentra de dónde surge, porque el miedo como emoción existe independientemente de nuestro contexto, pero las situaciones donde lo experimentamos, está completamente determinado por cada uno de nosotros.

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• ¿Cómo te detiene? – Hay miedos inexplicables o ilógicos que no pasan a mayores. Como por ejemplo, podría tener yo miedo a los alacranes, a pesar de nunca haber visto uno, no vivir cerca de donde hay y por lo mismo, no haber sido picada. Pero como no hay en mi área, pues termina siendo un dato curioso sobre mi. Sin embargo, si tuviera yo miedo a los aviones y mañana me ofrecieran una beca para Alemania, significaría sufrir todas las horas de vuelo o rechazarlo por ese miedo.

• Permítete sentirlo – Lo peor que podemos hacer con cualquier emoción es bloquearla. No queremos estar tristes, ni enojados y mucho menos sentir miedo. Esto hace que nos traguemos sin masticar las emociones y hace que el cuerpo no siempre las pueda procesar. Se quedan ahí, como piedras en nuestro estómago, causándonos después otras situaciones. Para experimentar de forma certera todas nuestras emociones, hay que recordar que tenemos control y poder sobre ellas. El enfoque oriental dice que todas las emociones tienen un ciclo y hay que dejarlas fluir, para que concluyan su ciclo y desaparezcan. Entonces, puedes permitirte paralizarte por el miedo durante cinco minutos o dos meses, pero tras ese periodo de tiempo, páralo y movilízate.

• Dale la vuelta porque es una oportunidad – Como te decía, el miedo tiene una serie de funciones. Si no tuviéramos miedo, probablemente estaríamos estáticos. Entonces velo como una herramienta para avanzar, crecer y permitirte experimentar nuevas cosas. El miedo a lo desconocido se perderá cuando esas cosas dejen de ser desconocidas.

 “Vivir en el presente para superar nuestros temores”, siempre que dejes de anticipar, podrás estar tranquilo. 

Thich Nhat Hanh