CONCIENCIA EDUCACION MENTE

Como ser naturalmente conscientes de lo que vivimos

Para tener una experiencia tenemos que ser conscientes de ella.
En tu propia experiencia, y sea lo que sea que experimentes, te dices a ti mismo: “soy consciente de esta experiencia”.

Por ejemplo; toma el pensamiento presente y te dices: “soy consciente de este pensamiento”. Toma una imagen, por ejemplo, la imagen de tu casa y te dices: “soy consciente de esta imagen”. Toma la memoria, por ejemplo, de algo que ocurrió hace dos años y te dices a ti mismo: “soy consciente de esta memoria”. Toma la sensación de hormigueo en la planta de tus pies: “soy consciente de esta sensación”. Toma el sonido del ventilador en el fondo: “soy consciente de ese sonido”. Simplemente deja que tu atención vague libremente por toda tu experiencia y sea lo que sea que encuentres, te dices: “soy consciente de este objeto”.

Ahora, hazte la pregunta: “¿hay algo que sea común a toda experiencia?”

No hay un pensamiento en particular que sea común a toda experiencia. No hay un sentimiento o una sensación particular que sean comunes a toda experiencia. No hay tampoco ninguna visión, ningún gusto, ningún sonido, etc, en particular que sean comunes.
La experiencia de “ser consciente” es el único elemento de la experiencia que es compartido en todas las experiencias.

La experiencia de ser consciente es a todas las experiencias lo que la pantalla es a todas las películas. Al igual que la pantalla no aparece nunca como un objeto en la película, de la misma manera la experiencia de ser consciente nunca aparece en nuestros pensamientos, sensaciones, sentimientos o percepciones.
En otras palabras, ser consciente no puede ser jamás un objeto de la experiencia y, sin embargo, es el elemento común a toda experiencia.

Al mismo tiempo, no podemos decir que ser consciente es algo que no se experimenta.
Es cierto que ser consciente no puede ser experimentado en tanto que un objeto, pero eso no quiere decir que no sea experimentado.
De la misma manera que la pantalla no se muestra en la película, pero no podemos decir que no la veamos.

Así que no podemos decir que ser conscientes es algo que no experimentamos.
Hazte la pregunta: “¿soy consciente?”
Confío que todos habéis contestado: “sí”.
Para contestar a la pregunta ¿soy consciente? con un “sí”, entonces “ser consciente” debe ser nuestra experiencia.
Cada uno de nosotros sabe que es consciente. Si no tuviésemos la experiencia de ser conscientes responderíamos “no” a la pregunta: ¿soy consciente?

A pesar de que la experiencia de ser consciente no tiene cualidades objetivas, es decir, que nunca aparece como un objeto (pensamiento, sentimiento, sensación o percepción), a pesar de ello, es experimentada.
Podríamos llamarla una experiencia no objetiva y, de hecho, es la única experiencia no objetiva que existe.

Si la experiencia de ser consciente es conocida, hazte la pregunta: “¿quién o qué es el que conoce esa experiencia?”
“¿Soy yo el que conoce que soy consciente?”
Cuando te haces la pregunta: “¿soy consciente?”, ¿quién o qué es el que tiene la experiencia de ser consciente? ¿Eres tú o es algo distinto?
Es obvio que eres tú, aquél que llamamos “yo”.
Cada uno de nosotros puede decir con certeza absoluta: “yo sé que soy consciente”. Y el “yo” que sabe que “soy consciente” es el “yo” que es consciente. (Es el que observa).
“Yo soy consciente de que soy consciente”; o como se dice en el Antiguo Testamento: “yo soy el que soy”.

Una afirmación de nuestra experiencia primaria más íntima y fundamental: el conocer de nuestro propio ser consciente. Su conocer de sí mismo en nosotros y en tanto que nosotros.

El conocimiento que brilla en la mente como “Yo soy” o “Yo soy consciente”.
El conocimiento que brilla en el corazón en tanto que paz, amor y felicidad.
El conocimiento que brilla en nuestras percepciones en tanto que belleza.

Interésate en la experiencia de ser consciente o en la presencia consciente misma. ¿Cuál es su naturaleza?

La mayoría de las personas pasan a través de sus vidas sin darse cuenta y ni tan siquiera interesarse por la experiencia de ser consciente o en la presencia consciente misma.
En otras palabras, la mayoría de nosotros pasamos nuestras vidas ignorando el elemento más fundamental e íntimo de nuestra experiencia; este es ignorando o pasado por alto a nosotros mismos.
¿Por qué la mayoría de nosotros ignoramos o pasamos por alto este elemento íntimo y fundamental de nuestra experiencia?
Por nuestra fascinación exclusiva en el contenido objetivo de la experiencia; esto es, pensamientos, imágenes, sentimientos, sensaciones, percepciones, etc… (atención a los objetos).

Por el hecho de que la experiencia de ser consciente no tiene contenido objetivo, la consideramos como ausente o no existente. O en el mejor de los casos, la consideramos como algo que ha sido perdido y que tenemos que buscar; ello implica treinta años de meditación sobre un cojín.
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¿Cómo podría perderse la experiencia de ser consciente?

La experiencia de ser consciente no está escondida en las profundidades de nuestro ser; está a simple vista en toda experiencia.
¿Cómo podríamos decir, cuando vemos una película: “no veo la pantalla”?
¿Cómo podríamos decir: “no conozco la experiencia de ser consciente, o de la consciencia misma”?
¿Qué actividad o inactividad de la mente podría hacer que la experiencia de ser consciente fuera más obvia de lo que ahora es?

No es necesaria ninguna manipulación de la mente, del cuerpo, ni del mundo. La experiencia de ser consciente brilla de forma igual en toda experiencia. En nuestras depresiones más profundas, nuestros sentimientos más incómodos, nuestras experiencias más bellas y todo lo que hay en medio. Lo único que se requiere es dar a la experiencia de ser consciente todo nuestro interés (atención).

Hasta que no conozcamos la naturaleza del conocer con la que nuestra experiencia es conocida, no podremos conocer nada verdadero acerca de la mente, el cuerpo o el mundo.

Yo, presencia consciente, no estoy limitado por nada que conozca, o que sea consciente; de la misma manera que la pantalla no está limitada por ninguna de las películas que aparecen en ella.

Yo, presencia consciente, soy la realidad, el ingrediente esencial de toda experiencia; al igual que la pantalla es la realidad de la película.

Yo, presencia consciente, no comparto ninguna de las limitaciones de cualquier experiencia en particular. No estoy limitado por la condición de la mente, el cuerpo o el mundo. Soy íntimamente uno con la mente, el cuerpo y el mundo pero inherentemente libre de ellos.

Prueba la libertad inherente de tu propio ser consciente. Es íntimamente uno con toda experiencia pero no puede ser dañado, estropeado, tintado, manchado o afectado por ninguna experiencia en particular.

No tenemos que esforzarnos mucho para darnos cuenta de que la presencia consciente es íntima, libre, invulnerable e indestructible.

¿Podría haber algo más interesante en la vida que la naturaleza de la consciencia con la que todo es conocido?

Permite que tu experiencia sea tal como es, instante tras instante. Sin ningún intento por cambiarla o manipularla.
Me refiero a pensamientos, ideas, imágenes, recuerdos, sentimientos, sensaciones y percepciones del mundo. Quiero decir: vistas, sonidos, gustos, sensaciones táctiles y olores.
Simplemente deja que el espectro completo de la experiencia aparezca ante ti, instante tras instante y exactamente tal como es.
De todas formas, eso es lo que la experiencia ya hace, así que no se requiere un esfuerzo especial de ningún tipo para hacerlo.
De hecho, no es un “hacer”, es un permitir a la experiencia ser lo que es instante tras instante.

Rupert Spira