ALIMENTACIÓN SALUD

¿Por qué comes, aún sin tener hambre?

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Es conocido por todos que comer en exceso no es saludable. A pesar de eso, con demasiada frecuencia comemos cuando no tenemos hambre. Sin embargo, las investigaciones muestran que comer cuando estamos llenos puede ser controlado por el mismo sistema neurológico que controla todos nuestros hábitos, y este hallazgo puede ser la clave para entender la causa y la cura de comer en exceso.

En un estudio, se les pidió a treinta y dos voluntarios sanos que se sentaran delante de una pantalla de ordenador y presionaran un botón cada vez que una imagen apareciera en la pantalla señalándoles que lo hicieran. Cuando pulsaran el botón, una máquina al lado de ellos les daría una golosina; un chip de maíz Fritos o un M&M. La mitad de los sujetos hizo esta tarea por solo dos sesiones de ocho minutos cada uno, mientras que la otra mitad hizo doce sesiones de ocho minutos. El segundo grupo tenía seis veces más  práctica en la tarea que el primer grupo y era más probable que finalmente  presionaran el botón por costumbre. Con esto en mente, vamos a llamar a este grupo el grupo hábito y el primer grupo el grupo de no-hábito.

Para determinar cómo el desarrollo de hábitos afecta nuestra conducta alimentaria, los investigadores estaban interesados en la actividad de una determinada región del cerebro conocida como la corteza prefrontal ventromedial, que se encuentra en la sección media inferior del lóbulo frontal. Una función importante de esta región es  anticipar el valor de un evento esperado. Esto es importante en el sistema de recompensa del cerebro, que gestiona el refuerzo positivo y negativo de la conducta.

Por ejemplo, cuando estamos sentados con avidez en un restaurante y el camarero se aproxima a la mesa con platos de comida, la corteza prefrontal ventromedial se activa porque detecta una alta recompensa. Una vez que estamos llenos, sin embargo, la respuesta es enormemente disminuida. Si el camarero llegara a traer otro plato de comida, la corteza prefrontal ventromedial apenas respondería en lo absoluto. La baja respuesta devalúa la experiencia de comer, nos desalienta de seguir comiendo. En resumen, la corteza prefrontal ventromedial participa en un bucle de retroalimentación: Refuerza positivamente el comer cuando tenemos hambre, pero ese mismo acto de comer con el tiempo hace que la corteza prefrontal ventromedial nos desanime de comer y de reconocer que estamos llenos.

¿Una cuestión de hábitos y control?

Con el uso de la resonancia magnética funcional (una técnica que monitorea la actividad cerebral en tiempo real), los investigadores compararon las respuestas de la corteza prefrontal ventromedial en el grupo de hábito y el grupo de no-hábito.

En el grupo no-hábito, la corteza prefrontal ventromedial se activó antes de cada pulsación del botón en previsión de la merienda, animando a los sujetos a comer. Pero eso fue mientras estaban hambrientos. A continuación, los sujetos consumieron una comida grande. Ahora llenos, presionaban el botón de la máquina y la resonancia magnética funcional mostró que la activación de la corteza prefrontal ventromedial disminuyó. Los participantes no tenían hambre, por lo que el premio proyectado de comer un snack fue mínima. La corteza prefrontal ventromedial rebajó el valor de la recompensa de la merienda para desalentar aún más el consumo.

El grupo hábito fue puesto a prueba después, y las cosas fueron un poco diferentes. Mientras que los participantes tenían hambre, la corteza prefrontal ventromedial mostró de nuevo una gran señal, indicando la asignación de una alta recompensa a la comida. Pero, ¿qué sucedería una vez que estuvieran llenos? Esta vez, los resultados de resonancia magnética funcional revelaron que la actividad de la corteza prefrontal ventromedial era tan fuerte como lo era cuando los sujetos todavía tenían hambre. El valor de la recompensa esperada de la merienda no se degradó, a pesar de que estaban llenos. El bucle de realimentación se rompió. Al parecer, debido a que los sujetos estaban presionando el botón y comían los bocadillos por costumbre, y sus cerebros no lograron disuadirlos de comer. De hecho, mediante el mantenimiento de la señal de recompensa, la corteza prefrontal ventromedial estaba haciendo lo contrario: reforzar positivamente el comportamiento de comer sin tener hambre. El desarrollo del hábito cambió el acto de comer por la necesidad de alimento y lo transformó en algo automático.

El sistema consciente puede tener el control, y puede reflexionar sobre los acontecimientos del día, pero no puede hacer ambas cosas al mismo tiempo. Si el sistema consciente está pre-ocupado, al sistema de los hábitos se le asignan las tareas de pilotaje. Al permitir que pasivamente pensamientos inunden nuestra mente, nuestro sistema consciente da un paso al costado y el sistema de los hábitos se hace cargo.

El sistema de los hábitos puede tomar el control de manera similar durante el proceso de comer. Esto ocurre a menudo cuando estamos distraídos por algo, como la televisión. La razón por la cual los médicos disuaden a la gente de comer delante del televisor es porque conlleva a comer en exceso. Cuando vemos la televisión, permitimos que la televisión monopolice la atención consciente. Por lo tanto, si estamos haciendo algo rutinario mientras vemos TV, por ejemplo, comer papas fritas, el sistema de los hábitos tomará el control de ese comportamiento.

Cuando permitimos que nuestra mente esté pre-ocupada, nuestra capacidad de controlar conscientemente nuestro comportamiento está suspendido, y nuestro comportamiento parece seguir un curso preprogramado. Pero podemos optar por tomar el control en todo momento, apoderarnos de nuestro circuito cerebral del sistema de los hábitos, y tomar decisiones más saludables.

Fuente: http://elonotero.com

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