Soltar y vivir en el presente. entrevista a Arnaud Desjardins

 

Arnaud Desjardins publica una obra esencial, Bienvenidos en el camino, en la que hace la síntesis de los consejos que se le pueden dar a una persona comprometida con la búsqueda interior y espiritual, y así evitar que caiga en trampas y malos entendidos. Nos ha parecido importante pedirle su testimonio acerca de un término importante: “soltar”.

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Está muy de moda, en ciertos ambientes interesados en el desarrollo personal, cultivar el “soltar”. Esta expresión es, de hecho, una formula zen que significa que uno debe dejar de ser el títere de sus pensamientos, emociones, tensiones, crispaciones y negaciones. Y es comprensible que a nuestros contemporáneos, seres perturbados que viven en una época que les parece difícil, se les antoje muy atractivo poder “soltar”.

 

¿Cómo definiría usted el “soltar”, y existen acaso varias maneras de alcanzar esta condición?

Arnaud Desjardins: El “soltar” es un gesto interior que interfiere con nuestra manera habitual de reaccionar. Algunos “soltar” requieren de una gran fuerza de convicción, mientras que otros son más fáciles. Y hay un momento en el que observamos que el hecho de “soltar” se ha hecho permanente. Se podría hasta decir que el “soltar” se ha vuelto inútil en cuanto no hay más apego, ninguna apropiación de la realidad.
Se ha establecido una relajación y estamos en contacto con la realidad, instante tras instante, sin proyecciones sobre el futuro, lo cual nos permite realizar las acciones que nos parecen justas y apropiadas en lo relativo. La acción siempre es relativa: por un lado, porque se inserta en un conjunto de causas y efectos que no dominamos o los dominamos muy parcialmente, y porque, por otro lado, nosotros mismos tenemos capacidades relativas. Todo acto genera consecuencias, algunas de las cuales podemos prever; no así otras. La práctica consiste, entonces, en “soltar” antes de llegar a la acción misma.

 

Se produce un suceso o se presenta determinada situación, que puede ser externa a nosotros o interna (un vértigo, un dolor de vientre, una angustia generalizada…). Lo esencial es la manera en la que cada uno se sitúa frente a esta vivencia íntima que la existencia produce en él. Tenemos la oportunidad de abrazar esta reacción, porque es la realidad del momento, pero sin apropiarse de ella. Swami Prajnanpad, cuyo alumno fui, decía a este propósito: “La película fotográfica toma; el espejo acoge, pero no toma”. Los eventos, los que sean, producen en nosotros todo tipo de emociones, felices o desdichadas, más o menos intensas. Si poco a poco aprendemos esta aptitud de soltar, ésta acabará por impregnar toda nuestra existencia y creará en nosotros una relajación: el evento se presenta, pero la reacción mecánica ya no se produce. Las emociones dejan lugar a la ecuanimidad.

P.¿ Quiere usted decir que ya no se produce la misma reacción física?

Me explico mejor: si uno tiene, por ejemplo, una angustia, se puede efectivamente desconectar de ella, pero ¿qué pasa, por así decir, con la tensión que ha generado en el estómago?

Arnaud Desjardins: En lugar de la reacción habitual del ego “esto me gusta, esto no me gusta”, aparece una sensación de apertura del corazón. Los aspectos mentales, emocionales y fisiológicos están interconectados y, poco a poco, el esfuerzo de “soltar” se contrapone a la fuerza de inercia de las costumbres que hace que estemos siempre reaccionando frente a los sucesos. Y, paso a paso, nos dirigimos hacia la ecuanimidad. Pero es evidente que, durante mucho tiempo, la existencia tendrá todavía el poder de producir en nosotros algunas reacciones. ¡Oh, qué bien! Y aquí tenemos una emoción feliz ; ¡Oh no! y se tiene una emoción infeliz, dolorosa. Reacciones estas de las que hacemos una cuestión personal. De hecho, tendríamos siempre que plantearnos la pregunta de cómo nos situamos respecto a estas reacciones físicas, emocionales y mentales. ¿Cómo logramos “soltar” cuando nos encontramos frente a estos momentos felices o infelices, o cuando estamos de buen o mal humor? De hecho, la práctica de soltar pone de inmediato en tela de juicio al egocentrismo. Lleva a un abandono de nuestro querer personal y este abandono produce una relajación. Es a partir de esta relajación que se va a realizar nuestra acción, y no a partir de una reacción epidérmica y mecánica fundada en nuestros viejos esquemas de funcionamiento. Es la sumisión a lo que es -tan querida por los maestros zen, sufíes, hindúes o cristianos- y no la sumisión a lo que debería ser. Es la celebre expresión: “Que se haga tu voluntad y no la mía”. En este punto ya no hay separación, dualidad, entre la realidad del momento y yo.

 

Empieza usted su libro diciendo que se debe desconfiar de las palabras. Y nos vienen a la mente los daños causados por el famoso “aquí y ahora” que se ha vuelto un pretexto para no comprometerse con nada, para no hacer proyectos constructivos, etc. ¿No cree usted que una consigna como “soltar” corre riesgo de hacer que algunos la confundan por “dejar pasar”?

Arnaud Desjardins: Esta pregunta lleva en sí otra más general: ¿qué sentido dan los oyentes o los lectores a una palabra como ésta?, ¿cómo se entiende esta actitud? En este tipo de temas nunca se es lo bastante preciso con las cuestiones de vocabulario. Cuando uno describe las piezas de una máquina con la jerga de un mecánico, sabe de qué se está hablando. Tenemos entonces que entendernos muy bien sobre lo que queremos decir cuando hablamos de soltar. Mi desesperación, la sensación que tengo de ahogarme frente a un suceso grave y brutal no cambiará nada respecto del acontecimiento mismo. Al contrario, cuantas más emociones no controladas surjan, tanto menos eficaz será la acción y tanto menos apropiada será mi respuesta a lo que demanda la situación. Por el contrario, si suelto ante mi pánico, si no pierdo el control, si no añado nada, entonces voy a ser más lúcido y más competente a la hora de resolver las cosas.

De ninguna forma la palabra “soltar” excluye la acción. Swami Prajnanpad tenía esta bella fórmula: “Por dentro, activamente pasivo; por fuera, pasivamente activo”. Es decir, al interior de sí mismo tranquilamente atento; al exterior, tranquilamente activo.

El estado de paz con el contexto exterior, creado por la paz interior, no excluye en nada la acción. De hecho, en la vida es como si nos encontráramos en la situación de alguien que desciende por un torrente en una balsa o en piragua: para aquel que está tenso y angustiado, la bajada va a ser un verdadero infierno. Al revés, para aquel que sigue la corriente de forma relajada, ese mismo descenso se volverá un placer, y se enfrentará a las dificultades con soltura. Todos los maestros lo dicen: nuestro error consiste en llevar inútilmente sobre los hombros el peso de nuestra existencia. No podemos siempre ser los más fuertes; nuestras acciones producen o no producen los efectos deseados; las interacciones de causas y efectos son independientes de nosotros e interfieren con lo que hemos intentado, reforzando o, por el contrario, anulando el resultado de nuestros esfuerzos. Esta separación del yo -mi manera personal de tener miedo o esperanzas- en el fluir de la realidad se revela como el mayor obstáculo a una vida desarrollada, serena y pacifica. Por ende, esta separación debe de ser disuelta. Los hay que son llevados y zarandeados por la corriente, mientras que otros se hacen unos con ella. Dicho de otra forma: si no suelto, los eventos van a producirse y me llevarán; si suelto, me adhiero a esos eventos, en una unidad de cuerpo y de espíritu con ellos.

 

A este respecto usted cita en su libro una bella frase de Swami Prajnanpad: “Let go and go with” -dejen ir y vayan con-. ¿Podría el soltar ser una estrategia? Usted también dice: “Si alguien quiere algo y está unificado con este deseo, entonces lo va a atraer”. ¿Puede la búsqueda de la sabiduría transformarse en astucia?

Arnaud Desjardins: Para contestar voy a utilizar el término “ego”, que está muy de moda, pero cuyo contenido crea a menudo malentendidos. Aclararía más utilizar la palabra “egocentrismo”. Para entender verdaderamente la palabra “ego”, uno debería de traducirla por “yo y …”. El ego es sinónimo de dualidad: se ha instalado poco a poco en nosotros desde la infancia, al darnos cuenta de que el resto del mundo no era nuestra prolongación, y esto a partir de la separación de la madre. Somos todos viejos bebés, como decía Devos (2). La experiencia del ego, a partir de esta constatación, va a separarse entre lo que siento como tranquilizador y lo que experimento como penoso. Así que en el transcurso de su existencia, el ego va a intentar por todos los medios hacer triunfar lo que ama y limitar lo más posible lo que no ama. Naturalmente, todos hemos conocido las dificultades que se crean cuando la vida parece destrozar lo que habíamos empezado a construir, y los rechazos y las tensiones que esto genera. Y el ego va a construir frente a esto unas defensas extraordinarias, rechazando todo lo que no quepa en su diseño. Así que, para contestar su pregunta, todo lo que el ego va a comprender y a leer respecto de la espiritualidad y respecto de una forma diferente de vivir, se las arreglará para que entre en su diseño; todo lo que concierna la disolución de la separación, el ego lo utilizará en el interior de la separación, poniéndolo a su servicio. Tenemos que encontrar, por tanto, un camino posible para superar este mecanismo dualista que siempre nos impide estar unificados y establecidos en un soltar permanente.

 

Hemos de tener, y usted insiste en ello, una sinceridad y un compromiso interior fuertes para llegar a contener las constantes y perversas tácticas del ego.

Arnaud Desjardins:Sí, tenemos que lograr no sólo tomar conciencia de este proceso y conseguir ante todo mejorar, sino que también tenemos que llegar a una verdadera metamorfosis de nuestro ser. Como dicen todos los místicos cristianos, hindúes, sufíes, budistas: hay que morir a uno mismo en un cierto nivel para volver a nacer en otro nivel. Encontramos este tipo de expresión en toda la literatura de los testimonios espirituales.

 

En su último capítulo usted insiste bastante radicalmente sobre este punto.

Arnaud Desjardins: Sí. Muchas personas que se sienten atraídas por lo que se define como “espiritual” y por las diferentes formas de psicoterapia de fondo espiritual no se limitan a curar tal o tal síntoma patológico preciso, sino que también quieren alcanzar en sí mismas un espacio más amplio. Pero no buscan los medios para lograrlo. Hay en esto un malentendido, porque continúan llevando sus nuevas experiencias al interior del sistema y del antiguo entorno, que están delimitados por su egocentrismo. Entonces hay que encontrar una práctica que no pueda ser recuperada por el ego, y ésta consiste en inclinarse interiormente, en reconocer que lo que es es. Siempre hay que actuar en función de lo que es y no en función de lo que, según nosotros, debería de ser. Pero funcionamos sin parar según el modelo de “no es justo -él o ella debería de haber hecho o dicho esto o aquello; tal suceso debería de haber ocurrido de manera diferente, etc.”. Pero soltar frente a esta manera equivocada de funcionar en ningún caso excluye la acción; sólo que ésta emana sencillamente de una fuente del todo diferente. No es ya el yo que quiere, sino que es la situación la que requiere una respuesta oportuna.

 

Usted dice: “El mundo nunca va a corresponder a su mundo” y concluye en una doble fórmula muy fuerte que resumo en: la psicoterapia cura el ego y el mental; el camino cura del ego y del mental.

Arnaud Desjardins: ¡Imagínese la cantidad de amigos psicólogos que me hago en este momento! (Risas – Arnaud Desjardins se dirige a su biblioteca y saca un libro) En “Los diálogos de san Gregorio Magno” acerca de la vida y milagros del bienaventurado san Benito, que fue el fundador de los benedictinos y de los cistercienses, se dice lo siguiente: “Cada vez que una preocupación demasiado intensa nos lleva fuera de nosotros mismos, seguimos siendo nosotros mismos, pero al mismo tiempo ya no estamos con nosotros mismos; nos perdemos y nos volcamos a las cosas exteriores”. Texto este que no negaría ni un maestro sufí, zen o hindú. ¿Queremos entonces seguir viviendo siempre de una forma egótica, teñida de deseo, rechazo y tensión, empeorando así las cosas, o preferimos vivir y actuar sobre una base de confianza y soltura? Aquí está toda la cuestión.

 

Usted mismo pasó por ello, dado que cuenta que después de dieciséis años de prácticas espirituales, éxitos mediáticos y profesionales (3), cuando encontró a Swami Prajnanpad, le hizo hablar de sus variadas experiencias y después le dijo: It is the status of a slave ‘Es la condición de un esclavo’.

Arnaud Desjardins: Sí, él me hizo ver que después de todos estos años de trabajo con los grupos Gurdjieff, de lecturas, de encuentros con una santa como Ma Ananda Mayi, o con maestros sufíes en Afganistán, maestros tibetanos o zen, de grandes yoguis… era yo todavía este pequeño personaje dispuesto a inflamarse, reaccionar, rechazar, enfadarse, querer que las cosas ocurrieran como él las quería y no como ellas eran. Me quedaba, de hecho, en el estado de esclavo del ego y de sus límites. Correspondía yo todavía a esta definición de Swamiji: “El hombre es un títere cuyos hilos son manejados por los avatares de la vida….”.

 

¿Una última definición de soltar?

Arnaud Desjardins: ¡Dejen de remar, dejen de nadar, hagan la plancha! (risas homéricas). Bromeo: digamos que hay que estar al mismo tiempo en la acción y en la no-acción. Es un concepto mal comprendido. Hay una fórmula budista muy conocida: “Ni rechazo, ni apropiación” de lo que se presenta. Ni rechazar ni tomar posesión.

Frases recogidas por Marc de Smedt.
Traducción de Cecilia Giorgi

Publicado en la revista Nouvelles Clés, verano 2005.

(1) “Bienvenidos en el camino” está publicado en español por Hara Press.
(2) Raymond Devos: actor francés
(3) Arnaud Desjardins ha sido un famoso realizardor de la televisión francesa.

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